
¿Qué significa "alfabetizar" o "enseñar a leer"?
Encuentra las respuestas a éstas y otras preguntas en el artículo sobre los ratones perdidos en la revista Decisio:

En fin, al llegar al puesto de tortas exploré rápidamente el menú y ordené una sencilla de milanesa, que sólo costaba 16 pesos. Mientras la saboreaba estuve pensando en lo que el destino me depara si no encuentro un empleo bien remunerado asap (o sea, a la de ya). Pero justo en el momento que terminaba la primera mitad de la rica torta de milanesa con chipotle, vino a mi mente un anuncio que vi en un poste de una de las zonas más rascuaches de Nashville, y que me hubiera encantado fotografiar. El anuncio decía más o menos
Potential CEO level income.
¿Don’t believe it? Don’t call!
615-762-4787
O sea, algo así como:
Potencial salario de ejecutivo
¿No lo cree? ¡Pues no llame!
615-762-4787
Es decir, te anuncian un salario potencialmente altísimo (como de director general de empresa transnacional) en un hulito mal colgado de un poste oxidado de un barrio bajo de EU, y luego te dicen “si no lo cree, no llame”. Cuando vi lo de “Si no lo cree…” pensé que lo siguiente sería “llámenos y compruébelo”. Pero no. El tono rude (rudo, descortés) del anuncio pareciera reafirmar la única verdad que recorre el mundo cual si fuera un fantasma: quienes buscan empleo deben decir adiós a su inteligencia y convertirse en verdaderos creyentes de la publicidad de poste oxidado o de hojita tamaño carta… o sea deben convertirse en creyentes de la esclavitud, porque lo que ambos anuncios realmente ofrecen es: “si quiere sobrevivir, conviértase en esclavo”...
¿Es este el primer mundo que nos prometieron cuando firmaron el TLCAN (NAFTA)? No por nada los jóvenes de hoy se refugian de este terror global en adicciones como el alcohol, las drogas, el internet y otras que sería mejor ni mencionar...
Soldador soldado... aprendiendo a escribir en inglés[1]
Rafael tiene 30 y tantos años… Llegó a EU en 1983, procedente del pueblo de Chavinda, Michoacán, lugar del que otros 3000 habitantes viven en Richmond, California, al norte de San Francisco.
Los últimos 13 años ha trabajado como soldador en una compañía de reciclaje de metal en Oakland, California. La empresa recibe objetos de metal inservibles (autos, refrigeradores, lavadoras, etc.), los tritura, y luego separa los metales. El trabajo de Rafael consiste en calentar, separar y soldar los metales. Trabaja 8 horas al día por 12 USD la hora, pero quiere aprender inglés porque “mi trabajo es bien pagado aquí, pero si sabes inglés puedes ganar hasta 22 dólares la hora”.
Pese a que Rafael lleve muchos años en EU, su inglés es casi inexistente. “La primera vez que vine tenía 18 años. Pero cuando uno es joven no le importa nada, no te importa aprender, como que todo es pura vagancia. Por eso nunca estudié inglés; como muchos decía siempre: “¿para qué?, si no me voy a quedar en EU? Pero el tiempo pasa y a la larga ves la realidad: necesitas el inglés para trabajar. Por eso vine a clases”.
Conocí a Rafael en las clases de inglés para adultos en Richmond, California. Las clases nocturnas tenían lugar en las aulas de una escuela preparatoria (high school). Ahí conocí a Rafael, quien insistió en que lo entrevistara, y a quien observé atentamente en sus clases de inglés. Enseguida transcribo uno de mis registros de observación. En esa ocasión, el maestro puso una actividad de escritura relacionada con la historia de Ramona (lectura sobre la vida de una tal ‘Ramona’ en el libro de texto).
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Viñeta 6: Historia personal de Rafa
Mar/06/2000: Observación de clase
Sitio: Clases de ESL, Richmond CA, EU
Evento: Escritura de historia personal
En la anterior clase, los estudiantes leyeron la historia de Ramona y escribieron una línea del tiempo con oraciones sobre hechos de su propia historia de vida, similar a la de la página 42 del libro de texto. El apéndice 4 muestra la hoja donde Rafa hizo su línea del tiempo.
Jerry: Okey, tienen sus folders, ¿si? Bien, quiero que ahora ustedes escriban su historia personal, su propia historia, ¿si? Pero primero abran el libro amarillo en la página 43 y usen sus líneas del tiempo para escribir sus propias historias. Bien, vamos a hablar sobre el tiempo pasado: Yo nací… Yo fui a la escuela…
Estudiantes: (abren sus libros y buscan la página 43)
Jerry habla y escribe oraciones en tiempo pasado en el pizarrón, mientras los estudiantes trabajan en forma individual en sus escritorios.
...
Son las 6:40pm. Rafael abre cuidadosamente su libro y su libreta, y los coloca en la paleta de su mesabanco. Mira en silencio la página 43 del libro de texto. Sostiene su lápiz en la mano derecha y la hoja con su línea del tiempo en la izquierda. Comienza a susurrar algunas palabras de su hoja. Ocupa varios minutos pensando e “inspeccionando” su hoja, el libro de texto, y su libreta, mientras mantiene el lápiz en su mano, pero no comienza a escribir. De repente voltea a la derecha y le habla en español a su compañero:
Rafa: Mira, el quiere que hagamos la historia de esta... Ramona y luego tu tienes que hacer... (Look, he wants we to do the history of this... Ramona, and then you have to do...?)
Vecino de Rafel: tu propia historia (your own history)
Rafael: Exacto (Exactly)
Rafa continua trabajando en silencio. Lee en voz “alta” algunas frases del libro de texto, y comienza a escribir muy lentamente la primera línea en su libreta. El resto de los alumnos trabaja en silencio también.
...
El tiempo pasa. Diez, veinte, treinta minutos… Son las 7:40pm. Rafa ha estado observando su libro, su línea del tiempo, e intentando escribir, pero sin éxito. Sus ojos brincan entre la hoja, el libro y la libreta. Su rostro expresa una mezcla de preocupación, desesperación, cansancio, duda. Hasta ahora ha escrito sólo una línea. De repente alza la cabeza y se dirige de nuevo a su vecino de banca: "¡Yo no entiendo esto!" (I don’t understand this!). Entonces se levanta con su libreta y se acerca a Jerry (el maestro):
Rafa: Tengo una pregunta… [no alcanzo a escuchar lo que hablan, pero al final Jerry le dice]
Jerry: Sólo inténtalo, ¿si?
Rafael regresa a su escritorio. Toma su lápiz, borra la línea que ha escrito y comienza de nuevo. Se detiene. Mira la hoja. Lee la página 43 del libro. “Mmmm”, resopla. Sus ojos saltan del libro a la libreta. Aún sigue en la primera línea. Entonces sacude la cabeza y susurra para sí mismo: "Nos falta mucho por hacer..." (We still have a lot to do…). Agarra su lápiz. Su mano derecha batalla para sostenerlo en la posición correcta. Sus dedos se acomodan y reacomodan alrededor del lápiz. Sus manos son gruesas, ásperas, callosas (él es herrero y soldador industrial). Entonces alza los ojos y mira el pizarrón, las oraciones que Jerry escribió ahí. De nuevo mira a su libreta. Su gesto es serio; aprieta los labios. Parece no entender algo. Entonces toma su hoja y la lee. Acomoda de nuevo el lápiz en su mano, lo acerca a la libreta, lentamente. La punta del lápiz toca el papel. Mira de nuevo su hoja (la de la línea del tiempo), escribe una palabra, levanta el lápiz, y mira cuidadosamente su línea del tiempo, una vez más. Arruga la frente, parece estar reflexionando. Suspira. Su libreta sigue en la mesa, blanca aún. Su gesto denota desesperación. Quiere abandonar la tarea. Se levanta y se acerca a otro estudiante. Habla con él. Al parecer éste le explica algo a Rafael, quien regresa a su mesabanco. Toma su libro en la mano izquierda y mira su libreta. La página está aún en blanco, excepto la primera línea.
Son las 8:02. Una hora y media batallando con su “historia personal”. Sus ojos brincan de su hoja Blanca a su línea del tiempo. Sigue adelante: comienza la segunda línea. Son las 8:15, hora del receso. Los estudiantes salen del aula. Rafael se queda en su lugar, trabajando. Cuatro estudiantes más hacen lo mismo (dos hombres y dos mujeres). Después del receso, Jerry comienza una actividad diferente. El apéndice 5 muestra el texto que Rafael finalmente escribió –en casa.
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Escribir en esta clase es –oficialmente- una actividad solitaria. Los alumnos trabajan en forma individual, aunque usan el espacio no-oficial para resolver dudas sobre la tarea asignada. Al igual que leer, en esta clase escribir no es una actividad con un propósito significativo. Al final, el maestro es el único que lee los escritos de los alumnos, marca errores, y habla en privado con cada autor individual, en su escritorio. Le pregunté sobre este trabajo de escritura, y esto fue lo que dijo:
Escribir es básicamente una revision gramatical. A veces hay temas libres, como lo que hicieron el fin de semana –por ejemplo. Pero básicamente el objetivo de estos escritos ha sido “puedes usar…” cierta estructura gramatical. Por ejemplo: “el sombrero está en la mesa”… Entonces, escribir es básicamente un tipo de repaso…
Para un alumno como Rafael, sin embargo, es claro que trabajar colectivamente en tareas de escritura es fundamental. Le pregunté posteriormente sobre sus apuros con esta tarea de escritura en clase, a lo que él respondió haciendo mención de su poca escolaridad en México:
Batallo con esto porque casi no tuve escuela en México, porque tú sabes, una persona que tiene mucho estudio le es más fácil escribir rápido, y yo no puedo escribir rápido muchas veces… No fui a la escuela más de tres años, y ¿qué aprendes en la primaria? Y uno fue más dedicado a trabajar… muchas veces te quedas pensativo y tu cabeza te hace así (hace un movimiento como de estar mareado), y ni siquiera sabes qué poner… “¿pondré esto?” No estás seguro.
Como se ha planteado en investigaciones previas, Rafael siente también el estigma de la baja escolaridad. En la entrevista señaló fue que sólo estudió tres años, sin embargo en su texto (cuyo “destinatario” era el maestro) escribió que había ido seis años a la escuela, lo que significa primaria completa en México. Sus dificultades para escribir su “historia personal” no tienen sólo que ver con su conocimiento limitado del inglés, o con su bajo nivel de escolaridad, sino claramente con la naturaleza individual de la actividad de escribir en clase, y con su probable poca experiencia con los textos autobiográficos (cómo son, para qué son). Pese a que intentó resolver sus dudas, la tarea fue de hecho individual.
Si bien el maestro señala explícitamente que las actividades de escritura no tienen un propósito comunicativo, aprender a escribir en inglés con fines comunicativos sí es un objetivo importante para los estudiantes de este programa. Al preguntar a varios estudiantes si necesitaban escribir en su trabajo, todo mundo dijo “no”, pero agregando siempre comentarios como: “pero quiero aprender, porque no va a estar uno siempre en lo mismo, ¿no?"; “porque luego uno necesita escribir una carta o hacer algún trámite”. En la siguiente sección veremos cómo expresa Rafael mismo su intención de aprender a escribir en inglés.
[1] Hernández Z., Gregorio (2000). Immigrant Spanish-Speaking Adults learning English "Survival Skills" in California, or... Everything You Always Wanted to Have in the USA, but Were Afraid to Ask for* (*in polite English). Berkeley, CA (position paper, 45pp)
Escúchala en voz de un catedrático del zócalo capitalino... aquí arriba en mi nuevo y práctico mp3 multi-player...

Pero para los paisanos en EU, siguiendo una tradición netamente mexicana, el thanksgiving no es una reunión "familiar", sino un buen pretexsto para una reunión de un montón de familias , amigos, conocidos de los amigos, colados y demás, que apretujadas en una sola casa comen, bailan, beben, platican escandalosamente y se despiden dando las respectivas gracias. En este caso, el evento tuvo lugar en la traila de Irma y Pancho (traila = tráiler = casa móvil o rodante; típica vivienda de los migrantes mexicanos en el Sureste de EU). El toque mexicano se dio desde el inicio: se citó a las 4pm, pero a las 5:40, cuando Rocío y yo llegamos derrapándonos para “no llegar tarde”, la casa aún estaba semi-vacía. Irma ahí nomás, poniendo el mantelito de plástico en la mesa plegable, y su hermano Paco, picando manzanas en la cocina, mientras los personajes chistosos de La Era del Hielo hablaban ruidosamente en la tele de plasma con sonido estéreo. “Como ya está cerca el invierno, hay que ver películas de nieve y todo eso”, señala Irma, mientras nos invita a sentarnos frente a la divertida pantalla de plasma.
La fiesta fue de traje, y poco a poco los invitados comienzan a llegar, cada uno cargando alguna vianda. Irma y Pancho, los anfitriones, pusieron el pavo, que todo mundo calificó de “enorme” y “muy rico”, y que fue una especie de donativo de Wal-Mart, pues “no me lo cobraron, creo que por un error en la caja”, aclara Irma. Rocío y yo trajimos costillas de cerdo en salsa verde, que literalmente volaron, pese a que el pavo era el que tenía alas. Más tarde llegan Enrique e Irma (a quien llamaremos Irma 2), que traen ensalada de manzana en un enorme “bowl” (tazón) que más tarde sería violentamente vaciado por manos de todas las edades. A eso de las 8pm del pavo ya sólo quedan los huesos, pero tuvo que degustarse con postres en lugar de ensaladas, pues éstas llegaron hasta después de las 9 de la noche, cuando los invitados que las traían llegaron, quizás para acentuar el toque mexicano de una fiesta que estaba citada a las 4pm. Georgina y Martín, por ejemplo, llegaron pasadas las 9, con uno de sus clásicos pasteles y un guiso de costillas en chile rojo. Finalmente, Isabel y Arturo llegan cerca de las 10pm acarreando la ensalada rusa en un recipiente del tamaño de una tina. Otros invitados, cuyos nombres quedaron en el anonimato, traen flan napolitano, refrescos, cajas de chelas en los hombros, gelatinas de colores, más ensalada de manzana con nuez y pasas, y así y asá… La barra de bebidas incluyó botellas de 2 litros de Coca Cola y Sprite, ponche con piquete, chelas, y otras bebidas espirituosas que circularon más bien en lo oscurito. El toque mexicano es evidente, sin duda, pues pese a “la peor crisis económica de la historia” (palabras del presidente electo Barack Obama), en esta reunión hay bebida, comida y baile en exceso.
Irma 2 anuncia que trae un CD con “música para bailar de principio a fin”, y aclara: “pero es mp3 y trae más de 100 cumbias, desde las viejitas de los 70s hasta las actuales”. Pancho pone el disco en su estéreo mega-potente y, al ritmo de la Cumbia de los Pobres –himno nacional de Neza-, rompemos el baile Rocío y yo, mientras al menos 30 pares de ojos y varias cámaras escanean el escenario que por el momento es sólo nuestro. A la tercera cumbia, la sala está a reventar, con parejas de baile de amplia experiencia tibiritera, como Isabel y Arturo (originarios de la colonia La Pradera, ahí por la Avenida Central), Sandra e Ismael (del mero corazón de Iztapalapa), Irma y Enrique (de Ecatepec), Irma y Pancho (Tlaxcaltecos avecinados en Naucalpan), así como parvadas de niñitas que corrían descalzas entre los pies de los danzantes. Un verdadero evento de aprendizaje, donde las generaciones jóvenes son socializados en las costumbres, valores, y mañas bailongueras de las generaciones viejas, portadoras de un bagaje cultural que se creía perdido en las calles nezenses e iztapalapenses. Pero no, en Nashville, el mero corazón de la música country, se escuchan y se bailan cumbias como Bella-belluda-belludita, Leyda, o Chambacú, con igual o mayor intensidad que en la Pantitlán y colonias aledañas.
Sin embargo, es posible que el verdadero toque mexicano se haya dado en las pláticas. Entre plato y plato, sorbo y sorbo, cumbia y cumbia, fluyen las historias y los comentarios sobre la vida y el trabajo en Estados Unidos. Irma 2 cuenta sobre su trabajo:
“Por primera vez en ocho años mi esposo no tiene trabajo. Es chirroquero (sheet-rock-ero = experto en tablaroca, material con el que se construyen las casas en EU). Pero últimamente le estaban pidiendo (instalar) 80 tablas por día… están abusando, como los americanos no quieren hacer eso. No quiso, y lo descansaron. Yo donde estoy, empacamos bolsitas de chocolate, hay que meterlas en botecitos de plástico, como para regalo de navidad. Yo estoy en la parte “lenta” de la banda, y ahí te están pidiendo empacar 700 botes al día. Pagan a 7.50 la hora, pero en un solo día sacan la producción de toda una semana, por eso no te dan horario. Te dicen, “entras a las 6am pero es hasta terminar”. Trabajas de 13 a 16 horas seguidas, con media hora para lunch. El otro día una compañera me dijo que si la cubría, mientras ella iba al baño. Le digo, bueno, pero soy nueva, a ver si puedo. Tienes que ir bien rápido, porque la banda avanza y se te acumulan las bolsitas, y hay que meterlas a los botes de plástico. Yo estaba así (Irma mueve su mano rapidísimo, como empujando algo hacia adentro de un recipiente imaginario). No me daba abasto, y eso que estoy en la parte lenta. Pero hay otra área donde la banda va bien rápido. Y ay, la gente sale con la cara como de zombi, después de 14 horas de meter y meter bolsitas sin parar, con los ojos así perdidos… Igual les pagan a los gringos y a los morenos; muchos vienen pero no duran; no aguantan, no les gusta matarse tanto por lo que pagan.”
Pancho, experto en remodelación de casas y anfitrión de la noche, va y viene, ofreciendo chelitas o ponche con piquete. De vez en vez hace una pausa para echarse una cumbia con Irma. Pero luego regresa a atender a los invitados, que en el clímax de la fiesta llegan casi a 50.
Por su parte, Ismael y Sandra, sentados literalmente en el rincón de una cantina (la cantina de la casa), están muy serios esta noche, quizás porque están a sólo dos semanas de partir hacia México, donde están sus hijos de 8 y 11 años, a quienes no han visto en 2 años y medio… Se levantan a bailar de vez en vez. En un descanso nos sentamos al lado y ellos nos platican:
“Rentábamos un departamento en Iztapalapa, pero ni lo disfrutábamos, porque estábamos todo el día en el puesto del mercado, vendiendo tortas. Nomás usábamos el departamento pa’ dormir. Así que mejor saqué un crédito pa comprar una casita allá en Ixtapaluca”, dice Sandra. “Yo ni la conozco –añade Ismael- porque ella la agarró cuando yo ya estaba acá… Nos vamos a ir en la camioneta, jalando una traila (tráiler) con nuestras cosas. Pero esta semana vamos primero a Georgia a llevar otras cosas; de ahí las mandan en cajas a San Luis Potosí, y ahí va mi cuñado a recogerlas para llevarlas al DF.”
Pasada la media noche, la gente comienza a despedirse, no sin dar las gracias a los anfitriones, y de esta manera cumplir el motivo de la velada: dar gracias –thanksgiving.
Afuera, espera el frío y una larga noche económica que en ambos lados de la frontera se ansía que termine de una vez. Pero esta noche de thanksgiving se abren nuevas preguntas: ¿A quién hay qué dar las gracias por trabajar de 13 a 16 horas diarias en EU? ¿A quién hay que agradecer por dejar de ver a tus hijos por más de dos años? ¿A quién hay que agradecer cuando de regreso en México no te den ni las gracias por haberte matado “del otro lado” para mantener a tu familia que ni siquiera podías ver? Los primeros colonos ingleses al menos les dieron las gracias a los indios nativos por darles de comer (antes de exterminarlos). Millones de familias mexicanas han sido sacrificadas en beneficio de unos cuantos… y ni las gracias… ¿Será ese el verdadero “toque mexicano” del thanksgiving?