Tuesday, September 20, 2005

El amor

En la selva amazónica, la primea mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
─¿Te han cortado? ─preguntó el hombre.
─No ─dijo ella─. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
─No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:
─No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendidas en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
─¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
─Es así ─dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los dioses y los soles.

Eduardo Galeano
Memoria del fuego, vol. I: Los nacimientos

6 comments:

Gregorio Hernandez said...

Quiero saber para qué sirve esto

Gregorio Hernandez said...
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Gregorio Hernandez said...
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Paloma said...

Que bonito me encanto.
GRACIAS ES UN AGASAJO COMENZAR EL DIA LEYENDO ALGO ASI.

Paloma said...

Que bonito me encanto
es un agasajo comenzar
el dia asi.

Paloma said...

Que bonito me encanto , gracias , es un agasajo comenzar el dia asi.