Thursday, December 04, 2008

La historia enterita de México

Escúchala en voz de un catedrático del zócalo capitalino... aquí arriba en mi nuevo y práctico mp3 multi-player...


foto de regalo:
México y el Mundo en su estado actual
Bicentennial Capitol Mall / Nashville, TN 2008

Tuesday, December 02, 2008

"Thanksgiving" con sabor mexicano

leelo en La Jornada Migración:

Nashville, TN. 27 de noviembre, 2008. La cena-baile fue netamente mexicana, pese al pretexto para convocarla: celebrar el “Thanksgiving” o acción de gracias. Una versión que se escucha entre los mexicanos en EU sobre qué es el Thanksgiving va así: cuando llegaron los pilgrims (peregrinos ingleses que llegaron al continente americano en 1620 a bordo del barquito Mayflower), estaban cansados, enfermos y hambrientos en una tierra completamente desconocida. Los indígenas nativos compartieron sus alimentos con los peregrinos europeos y éstos les dieron las gracias (thanks-giving). Poco después, los colonos ingleses comenzaron a masacrar y a expulsar de sus territorios a los indígenas que les habían dado de comer… Esa es una versión. La versión oficial sobre el thanksgiving es que los colonos ingleses le dieron las gracias a dios, no a los nativos… El caso es que hoy día ambas versiones coexisten, y sobre todo se aprovecha la fecha (último jueves de noviembre) para que las familias se reúnan a comer pavo relleno, panecillos de maíz y pay de calabaza.

Pero para los paisanos en EU, siguiendo una tradición netamente mexicana, el thanksgiving no es una reunión "familiar", sino un buen pretexsto para una reunión de un montón de familias , amigos, conocidos de los amigos, colados y demás, que apretujadas en una sola casa comen, bailan, beben, platican escandalosamente y se despiden dando las respectivas gracias. En este caso, el evento tuvo lugar en la traila de Irma y Pancho (traila = tráiler = casa móvil o rodante; típica vivienda de los migrantes mexicanos en el Sureste de EU). El toque mexicano se dio desde el inicio: se citó a las 4pm, pero a las 5:40, cuando Rocío y yo llegamos derrapándonos para “no llegar tarde”, la casa aún estaba semi-vacía. Irma ahí nomás, poniendo el mantelito de plástico en la mesa plegable, y su hermano Paco, picando manzanas en la cocina, mientras los personajes chistosos de La Era del Hielo hablaban ruidosamente en la tele de plasma con sonido estéreo. “Como ya está cerca el invierno, hay que ver películas de nieve y todo eso”, señala Irma, mientras nos invita a sentarnos frente a la divertida pantalla de plasma.

La fiesta fue de traje, y poco a poco los invitados comienzan a llegar, cada uno cargando alguna vianda. Irma y Pancho, los anfitriones, pusieron el pavo, que todo mundo calificó de “enorme” y “muy rico”, y que fue una especie de donativo de Wal-Mart, pues “no me lo cobraron, creo que por un error en la caja”, aclara Irma. Rocío y yo trajimos costillas de cerdo en salsa verde, que literalmente volaron, pese a que el pavo era el que tenía alas. Más tarde llegan Enrique e Irma (a quien llamaremos Irma 2), que traen ensalada de manzana en un enorme “bowl” (tazón) que más tarde sería violentamente vaciado por manos de todas las edades. A eso de las 8pm del pavo ya sólo quedan los huesos, pero tuvo que degustarse con postres en lugar de ensaladas, pues éstas llegaron hasta después de las 9 de la noche, cuando los invitados que las traían llegaron, quizás para acentuar el toque mexicano de una fiesta que estaba citada a las 4pm. Georgina y Martín, por ejemplo, llegaron pasadas las 9, con uno de sus clásicos pasteles y un guiso de costillas en chile rojo. Finalmente, Isabel y Arturo llegan cerca de las 10pm acarreando la ensalada rusa en un recipiente del tamaño de una tina. Otros invitados, cuyos nombres quedaron en el anonimato, traen flan napolitano, refrescos, cajas de chelas en los hombros, gelatinas de colores, más ensalada de manzana con nuez y pasas, y así y asá… La barra de bebidas incluyó botellas de 2 litros de Coca Cola y Sprite, ponche con piquete, chelas, y otras bebidas espirituosas que circularon más bien en lo oscurito. El toque mexicano es evidente, sin duda, pues pese a “la peor crisis económica de la historia” (palabras del presidente electo Barack Obama), en esta reunión hay bebida, comida y baile en exceso.

Irma 2 anuncia que trae un CD con “música para bailar de principio a fin”, y aclara: “pero es mp3 y trae más de 100 cumbias, desde las viejitas de los 70s hasta las actuales”. Pancho pone el disco en su estéreo mega-potente y, al ritmo de la Cumbia de los Pobres –himno nacional de Neza-, rompemos el baile Rocío y yo, mientras al menos 30 pares de ojos y varias cámaras escanean el escenario que por el momento es sólo nuestro. A la tercera cumbia, la sala está a reventar, con parejas de baile de amplia experiencia tibiritera, como Isabel y Arturo (originarios de la colonia La Pradera, ahí por la Avenida Central), Sandra e Ismael (del mero corazón de Iztapalapa), Irma y Enrique (de Ecatepec), Irma y Pancho (Tlaxcaltecos avecinados en Naucalpan), así como parvadas de niñitas que corrían descalzas entre los pies de los danzantes. Un verdadero evento de aprendizaje, donde las generaciones jóvenes son socializados en las costumbres, valores, y mañas bailongueras de las generaciones viejas, portadoras de un bagaje cultural que se creía perdido en las calles nezenses e iztapalapenses. Pero no, en Nashville, el mero corazón de la música country, se escuchan y se bailan cumbias como Bella-belluda-belludita, Leyda, o Chambacú, con igual o mayor intensidad que en la Pantitlán y colonias aledañas.

Sin embargo, es posible que el verdadero toque mexicano se haya dado en las pláticas. Entre plato y plato, sorbo y sorbo, cumbia y cumbia, fluyen las historias y los comentarios sobre la vida y el trabajo en Estados Unidos. Irma 2 cuenta sobre su trabajo:

“Por primera vez en ocho años mi esposo no tiene trabajo. Es chirroquero (sheet-rock-ero = experto en tablaroca, material con el que se construyen las casas en EU). Pero últimamente le estaban pidiendo (instalar) 80 tablas por día… están abusando, como los americanos no quieren hacer eso. No quiso, y lo descansaron. Yo donde estoy, empacamos bolsitas de chocolate, hay que meterlas en botecitos de plástico, como para regalo de navidad. Yo estoy en la parte “lenta” de la banda, y ahí te están pidiendo empacar 700 botes al día. Pagan a 7.50 la hora, pero en un solo día sacan la producción de toda una semana, por eso no te dan horario. Te dicen, “entras a las 6am pero es hasta terminar”. Trabajas de 13 a 16 horas seguidas, con media hora para lunch. El otro día una compañera me dijo que si la cubría, mientras ella iba al baño. Le digo, bueno, pero soy nueva, a ver si puedo. Tienes que ir bien rápido, porque la banda avanza y se te acumulan las bolsitas, y hay que meterlas a los botes de plástico. Yo estaba así (Irma mueve su mano rapidísimo, como empujando algo hacia adentro de un recipiente imaginario). No me daba abasto, y eso que estoy en la parte lenta. Pero hay otra área donde la banda va bien rápido. Y ay, la gente sale con la cara como de zombi, después de 14 horas de meter y meter bolsitas sin parar, con los ojos así perdidos… Igual les pagan a los gringos y a los morenos; muchos vienen pero no duran; no aguantan, no les gusta matarse tanto por lo que pagan.”

Pancho, experto en remodelación de casas y anfitrión de la noche, va y viene, ofreciendo chelitas o ponche con piquete. De vez en vez hace una pausa para echarse una cumbia con Irma. Pero luego regresa a atender a los invitados, que en el clímax de la fiesta llegan casi a 50.

Por su parte, Ismael y Sandra, sentados literalmente en el rincón de una cantina (la cantina de la casa), están muy serios esta noche, quizás porque están a sólo dos semanas de partir hacia México, donde están sus hijos de 8 y 11 años, a quienes no han visto en 2 años y medio… Se levantan a bailar de vez en vez. En un descanso nos sentamos al lado y ellos nos platican:

“Rentábamos un departamento en Iztapalapa, pero ni lo disfrutábamos, porque estábamos todo el día en el puesto del mercado, vendiendo tortas. Nomás usábamos el departamento pa’ dormir. Así que mejor saqué un crédito pa comprar una casita allá en Ixtapaluca”, dice Sandra. “Yo ni la conozco –añade Ismael- porque ella la agarró cuando yo ya estaba acá… Nos vamos a ir en la camioneta, jalando una traila (tráiler) con nuestras cosas. Pero esta semana vamos primero a Georgia a llevar otras cosas; de ahí las mandan en cajas a San Luis Potosí, y ahí va mi cuñado a recogerlas para llevarlas al DF.”

Pasada la media noche, la gente comienza a despedirse, no sin dar las gracias a los anfitriones, y de esta manera cumplir el motivo de la velada: dar gracias –thanksgiving.

Afuera, espera el frío y una larga noche económica que en ambos lados de la frontera se ansía que termine de una vez. Pero esta noche de thanksgiving se abren nuevas preguntas: ¿A quién hay qué dar las gracias por trabajar de 13 a 16 horas diarias en EU? ¿A quién hay que agradecer por dejar de ver a tus hijos por más de dos años? ¿A quién hay que agradecer cuando de regreso en México no te den ni las gracias por haberte matado “del otro lado” para mantener a tu familia que ni siquiera podías ver? Los primeros colonos ingleses al menos les dieron las gracias a los indios nativos por darles de comer (antes de exterminarlos). Millones de familias mexicanas han sido sacrificadas en beneficio de unos cuantos… y ni las gracias… ¿Será ese el verdadero “toque mexicano” del thanksgiving?

Thursday, October 30, 2008

A mi esposa se la llevó el Señor…

léelo en La Jornada Migración
La última vez que llevé mi Toyotita beige, modelo 94 al taller mecánico que me recomendó Santiago, mi amigo nicaragüense, conocí a Víctor. Originario de Sonora, Víctor tenía su taller en Nolensville, el área “Hispana” de Nashville. Santiago me había hablado muy bien de él, y no se equivocó. Víctor era un hombre alto y fuerte, en sus 50s, de manos grandes y gruesas, y experto en mecánica automotriz. Yo pensé que tendría que dejar el carro y regresar después, pero Víctor me insistió que esperara en la oficinita, donde había calefacción, unas sillas y revistas para pasar el rato. Al cabo de una hora, Víctor entra limpiándose las manos con un trapo, y me dice “ya estuvo”. Se dirige al escritorio y se sienta para hacerme la cuenta. Mientras captura mis datos en la computadora y prepara la factura, me explica lo que se le hizo al carro, pero en medio de sus frases técnicas noto la expresión nostálgica y ansiosa de sus ojos. Sin decir agua va, cambia de tema y me dice:

“A mí se me fue mi esposa. Se la llevó el Señor. Acabábamos de recibir los papeles de la residencia permanente. Estuvimos 10 años prácticamente presos aquí en EU. Entonces cuando nos dieron la residencia, lo primero que dijimos fue “vámonos a Hermosillo, a ver a la familia”. Ella quería ver a su familia. Pero al poco tiempo se puso mal y la llevamos al hospital. Ahí nos dijeron que tenía cáncer de estómago. Pero ella de todos modos quiso ir a Hermosillo. Le hicieron sus primeros tratamientos y fuimos. Luego regresamos y siguió en tratamientos. Duró año y medio. Fíjate, un cáncer que te lleva en 4 meses, y ella aguantó año y medio. Mi esposa era una mujer maravillosa. Iba a los tratamientos al hospital y luego se quedaba ahí para hacer traducciones. Siguió trabajando hasta el final. Y todavía quiso ir de nuevo a Hermosillo. Se fue y está vez le dio una embolia allá. Nos avisaron y ahí nos fuimos todos, legales e ilegales, todos. Ahí se quedó mi esposa. Eso fue hace un año.

Yo vendía la publicidad de tres revistas de turismo en México. Manejé eso por varios años. Pero la economía se cayó y se fue todo para abajo. En 1994, cuando la crisis económica, quebraron las revistas. Yo todavía me quedé con una, pero al final la vendí. Luego hice el diseño del periódico del Tec de Monterrey. Pero también afectó la economía y todo se cayó. Yo me vine en 1995, después de esa crisis.”

Con voz a veces entrecortada y a veces animada, Víctor siguió platicándome sobre sus hijos e hijas ya grandes e independientes, sobre los planes que había hecho con su esposa, y sobre su nueva incertidumbre sobre regresar a Hermosillo o no… “Quizás me voy a Arizona, al menos ahí quedo cerca de Sonora". Yo le platiqué de mi hija, de mi familia, de mis dudas y dificultades para reencontrar un camino. Le comenté que yo estaba en la universidad, que hacía historias de vida, y de inmediato comentó lo que muchos me han dicho: “uy, nomás con mi historia haces un libro”. No se lo pedí, pero me quedé con las ganas de regresar a entrevistarlo, con mi grabadorcita. Quería también tomarle fotos haciendo su trabajo de mecánico, que tanto me significaba porque mi hermano mayor fue mecánico y yo su “chalán” por varios años. Me levanté, le agradecí el compartir su historia conmigo, pagué la cuenta y me fui. Tiempo después regresé a su taller, a pedirle que me contara más de su historia. Pero no lo encontré. Uno de sus compañeros me dijo: “le vendió todo al árabe (el otro dueño y socio del taller) y se fue. No dijo a dónde”.

Tal vez se fue a México. O quizás a Arizona. Pero ante la “peor crisis económica de la historia”, que hoy se nos anuncia, pienso que Víctor camina por ahí, en busca de su esposa.

grehz ... Oct/2008

grehz@yahoo.com

Saturday, October 11, 2008

Thursday, October 02, 2008

No sólo el 2 de Octubre...


Nadie olvida el 2 de Octubre. Tlatelolco, 1968. Pero el 2 de octubre no es sino una fecha simbólica en una larga historia de crímenes de estado cuidadosamente ocultados a la mayoría de los mexicanos.

El 26 de febrero de 2006, el National Security Archive de la Universidad George Washington (Washington, EU) publicó en su página de Internet el borrador del informe sobre la "guerra sucia" en México de las décadas de los 60's, 70's y 80's.

Se trata de un informe sin precedentes elaborado por la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), creada por el gobierno mexicano para investigar crímenes en contra de los derechos humanos. El informe, dividido en 12 capítulos y 2 anexos excel con las listas de desaparecidos, contiene los crímenes detallados cometidos durante las administraciones de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982).

Durante esos sexenios, cientos de ciudadanos mexicanos - tanto civiles inocentes como militantes armados-fueron asesinados o "desaparecidos" por fuerzas militares y de seguridad. Miles más fueron torturados, ilegalmente detenidos, o sujetos a hostigamiento y vigilancia por parte de las autoridades.

Tal vez nunca sepamos la verdad, pero este informe aporta datos desconocidos por casi todos los mexicanos. El informe se puede ver en:

http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB180/index2.htm


INDICE DEL INFORME:

Chapter 1 - Informe General
Chapter 3 - El movimiento estudiantil de 1968
Chapter 4 - El diez de junio de 1971 y la disidencia estudiantil
Chapter 5 - Inicios de la guerrilla moderna en México
Chapter 6 - La Guerra Sucia en Guerro
Chapter 7 - La guerrilla se extiende por todo el país
Chapter 8 - Crímenes de lesa humanidad
Chapter 9 - Crímenes de guerra
Chapter 10 - Persecución política y perversión de la justicia por parte del Estado mexicano
Chapter 11 - Mecanismos que el Estado utilizó para corromper el poder
Chapter 12 - Derecho a la verdad, al duelo y al reconocimiento del honor de los caídos en la lucha por la justicia

Concentrado General Desaparecidos (Excel worksheet)
Concentrado General Desaparecidos por fecha (Excel worksheet)

Wednesday, September 24, 2008

Palabras de Otoño


Comienzan a caer, por su propio peso. Rojizas, ocres, secas. Palabras consumidas por soles de verano. Cesan de ser verdes. Su brillo se apaga. Su olor se agolpa. El viento suave las desprende. Vuelan. Susurrante piel que flota en el aire. Ruedan ligeras. Se arremolinan. Se mecen. Descienden suaves, hasta el suelo que las recibe. Se acurrucan. Se buscan.

Palabras secas, quebradizas, asoleadas, desoladas. Ramas y rimas desfoliadas. Caen del cielo. El ruido del viento se vuelve rumor. Un susurro desnuda el verano.

Silencio. Nada las retiene ya. Se dejan caer. Desfallecidos cuerpos. Sombras de campanas.

Palabras dulces. Fáciles. Se entregan sin recato al viento lascivo. Almas errantes en busca de reposo. Alimento del viento. Abrigo del suelo. Dejan el árbol materno. Vagan por su lado. Hasta que un vientecillo las siembre de nuevo…

Nashville
Otoño, 2008

Thursday, August 14, 2008

Paisajes irreales

Atlanta desde el cielo

El avión 747 de Delta Airlines planea suave, cual ala delta, sobre los suburbios de Atlanta, ciudad donde nació Martin Luther King en 1929.

ala delta

Uno lo olvida, especialmente tras un tiempo en el caótico DF, pero la visión aérea de las ciudades gringas impacta: amplísimas avenidas y opulentas zonas residenciales entre bosques sin fin. Son los “suburbios”. Remanso y fantasía de las clases medias y altas de gringolandia. Los suburbios: opulenta razón de nuestros males. Porque les encanta –a los gringos ricos-
vivir a sus anchas... a costa, claro, de los nativos indígenas que fueron eliminados o expulsados, y del resto del mundo, que rinde tributo a EU cada vez que uno de sus ciudadanos se echa un trago de Coca Cola, o ve una película gringa, o una serie de TV gringa, o se comen una hamburguesa McDonalds, o se pone una gorra de los Raiders de Oakland, etc., etc., etc.

Espaciosas residencias con piscina bordean los lagos, o se acomodan cuidadosamente entre sinuosos ríos, o en medio de verdísimos bosques cruzados sólo por rectos freeways (friweis), o serpenteantes bulevares. No les gustan las manzanas cuadradas (excepto en Manhattan, porque el espacio es chico, o en Los Angeles, porque hay más mexicanos que gringos). Las anchas avenidas repiten el ondular sinuoso de los caudalosos ríos típicos de la geografía del sureste gringo. Un cielo brillante y una luz celeste completan el cuadro de fantasía, ilusión óptica, paradisíaco objeto de deseo que atrae como imán oleadas de paisanos que gracias a la televisión y el cine (gringos) se enteraron que no todo en el planeta son sobrepoblados tugurios urbanos, o desolados campos rurales... sin saber que ese mundo suburbano no será para ellos, pues la mayoría de quienes salen con vida tras cruzar el Río Bravo y el desierto de Arizona, acaban en los "guettos" o barrios mexicanos que en nada se parecen a lo arriba descrito. Muchos no llegan siquiera a casa, sino a "traila" (trailer o "mobile home"), pero esa es otra historia y será contada en otra parte.

La vista desde el avión sigue: caminos planitos como manteles, casas que no se tocan entre sí, altísimos edificios que producen vértigo de sólo mirarlos.

Silueta de Atlanta
Foto: internet

Rubbermaid: ¿I have a dream?

Una vez aterrizados y pasados por la "aduana", lo primero que uno ve al llegar al aeropuerto de Atlanta son las referencias a la vida y obra de Martin Luther King. En sus pasillos y salas se exhibe toda una colección de fotos, libros, carteles, y objetos personales de MLK, incluyendo el traje que vistió en Washington D.C. el 28 de Agosto de 1963, cuando dio su famoso discurso “Tengo un sueño” (I have a dream). Irónicamente, en agosto del 2008, la segregación racial salta a los ojos en este mismo aeropuerto.

Jóvenes negros, muy delgados y altos, visten chalecos amarillos fluorescentes con el letrero Gate Serve (algo así como Puerta de Servicio). Muchos llevan audífonos, y todos visten uniformes azules y gris oscuro de tela muy sencilla (visiblemente barata) debajo de los chalecos.
Una mujer madura, de piel negra, y pelo abultado como peluca, empuja un carrito de limpieza que lleva una larga bolsa amarilla marca “Rubbermaid” (algo así como "sirvienta de hule"), y está equipado con diversas botellas de líquidos limpiadores, variados mops o mechudos (peludos y de mechas cortas, de algodón y de fibras sintéticas), escobas, cepillos, espátulas, aerosoles anti-aromas, rollos de papel, y bolsas, muchas bolsas grises para basura.

“Janitor Cart” (Carrito del aseo marca "Rubbermaid")

Una joven negra, de playera café y pantalón negro, aplica fuertes tallones con un mop en la columna metalica del módulo de Delta. Coloca el mop en posición vertical y sus brazos se estiran hacia arriba y abajo para sacarle brillo a la ancha moldura plateada.

Otra mujer -negra- de cabello planchado y gesto endurecido, maneja el carrito que transporta a los viajeros “de edad”, generalmente blancos.

Enfrente, en la sala de espera B11 dos hombres -negros, para variar- limpian la alfombra. Uno lleva un tanque con una manguera que usa para rociar un liquido sobre la alfombra, mientras el otro pasa una especie de podadora con rueditas sobre las partes rociadas. Mientras hacen esto platican y ríen.

En resumen, los empleados de Sbarro (Fresh Italian Cooking) son negros. Los de Cinnabon (World Famous Cinnamon Rolls), también. Los de Burger King, negros. Los empleados de limpieza, negros. Los que cargan las maletas, negros. Los que empujan las sillas de ruedas o manejan los carritos para los viajeros “de edad”, negros también.

La división racial del trabajo es transparente, pues en los acojinados sillones de las salas de espera, se ven principalmente viajeros blancos. Algunos asiáticos; otros pocos, “latinos”. Pero la mayoría apabullante: blancos anglosajones. Descienden de los aviones, o esperan ser llamados para abordar el próximo vuelo. Algunos leen el periódico (New York Times, USA Today, etc.). Otros, cargan y leen libros diversos. Una joven estudia el libro de preparación para el examen GRE (Graduate Record Examination), que hace años yo mismo tomé como requisito para ingresar al doctorado en Berkeley. Otros “trabajan” (¿o juegan?) con sus laptops, hablan por celular… o se sientan a comer en los restaurantes servidos y atendidos por empleados/as de piel oscura.

Lo mismo se ve al interior de las aeronaves. Hombres rubios de variada edad y cantidad de pelo tienen a su cargo la conducción (piloteo) de estos vehículos voladores. Visten camisas blancas y sonríen a los pasajeros que suben o bajan del avión. En mi último vuelo, me tocó sentarme casi al fondo del avión (ora sí que iba “hasta atrás”), y lo que veo al frente es un mar de nucas rubias. Variedades de rubio para las que mi vocabulario no alcanza: rubio claro, rubio oscuro (?), rubio casi blanco, rubio gris, rubio largo, rubio corto, rubio abundante, rubio ralo… y también algunos castaños, pero siempre enmarcando rostros claros, narices rectas, ojos verdes o azules o grises.

Y en las pantallas de plasma que cuelgan de los techos, tanto en el aeropuerto como en los aviones, se observan casi siempre rostros blancos y cabellos rubios dando o comentando las noticias, mostrando el mapa del clima, dando las indicaciones de seguridad, o al menos anunciando hamburguesas. Hoy en particular, la blanca imagen de Michael Phelps inunda las pantallas (nadador estadounidense que está rompiendo records en los Juegos Olímpicos de Beijing).

Michael Phelps
batiendo records en Beijing 2008


En resumen, los que comen en Sbarro (Fresh Italian Cooking) son blancos. Los que gozan de los ricos roles de canela de Cinnabon, también. Los que se auto-engordan en Burger King, blancos. Los que manejan los aviones, blancos. Los que administran el aeropuerto, blancos. Los que son transportados en sillas de ruedas o carritos para viajeros “de edad”, blancos en su mayoría.

Paisajes irreales

De camino a Nashville, el CRJ-200 alza el vuelo y la imponente Atlanta se hace chiquita. Subo y bajo. Del suelo al cielo. Pistas de aterrizaje. Aviones flacos y gordos, chicos y grandes. El sonoro rugir de las turbinas recuerda el himno nacional mexicano… Alzar el vuelo, entrar al cielo. Mirar los bosques, y los ríos de asfalto que los cruzan. A mi lado, un hombre rubio castaño de rasgos angulosos, pierna cruzada y zapatos como del 9 y 1/2 , lee la revista del avión, mientras el avión penetra la gruesa capa de nubes que finalmente termina… pero sólo para dar paso a otra capa aún más alta. El avioncito vuela con nosotros sobre un mar de nubes voluptuosas y bajo un cielo de nubes aplanadas.
Paisajes irreales
Foto: gregorio hz, 2004

Luego se aproxima a la ciudad de la música, sucesión de suaves lomas boscosas, salpicada aquí y allá de archipiélagos de lagos, y acariciada por ondulantes y caudalosos ríos. Desde el cielo las avenidas se miran como ondulantes animalitos alargados, con patitas que terminan en cómodas residencias rodeadas por verdes “yardas” (jardines). Paisajes irreales, pero más creíbles que el paisaje de allá abajo, donde las capas sociales difícilmente se rozan.

Típicos suburbios gringos
(algo así se ve desde los cielos de Houston, Atlanta, Charlotte, Nashville y anexas)
Foto: Google Earth

Ebony and Ivory

En 1982 Paul McCartney lanzó su canción Ebony e Ivory (Ebony = madera negra; Ivory = blanco marfil), que interpreta con Stevie Wonder. Blanco y negro, como las teclas del piano. Pero hoy, el Norte es un claroscuro que no canta música sino gime desesperanzas. Ivory es amo y señor de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (laptops, aeronaves, cámaras y pantallas de cine y televisión…), mientras Ebony empuña las viejas tecnologías de la limpieza y el servicio (mops, cepillos, trapeadores, platos y charolas, lápiz y papel para “tomar la orden”...). Ivory al mando de aparatos movidos por símbolos y contenedores de símbolos (software, íconos, chips, pantallas…); mientras Ebony manipula carritos y utensilios movidos por fuerza humana. Los blancos brillan en las pantallas de plasma; los negros visten chalecos amarillos fluorescentes para brillar y no ser atropellados por los peatones (como son invisibles).

Si las constituciones no fueran listas de promesas sino descripciones precisas de lo que es, la de EU tal vez diría:

Artículo 1. En este país los blancos están para mandar y ser servidos.

Artículo 2. En este país los negros están para obedecer y servir.

¿Y los mexicanos? Los mexicanos nos hacemos pedacitos entre nosotros para que unos cuantos se den “vida de blancos” y otros muchos “trabajen como negros”… en ambos lados del Río Bravo.

¿Y yo? Como soy café con leche (y pan de dulce) me cuelo entre ambos colores y países, y escribo lo que veo.

© 2008 grehz

Monday, August 04, 2008

Muy buenos días, señores pasajeros

Suceso verídico del año 2008, contado por uno de los protagonistas –“Pasajero molesto”. Escuchado, escrito y comentado por grehz.

Personajes:

• 2 ladrones educados
• Pasajeros de camión urbano

Escena 1: “suben”


Suben dos tipos al chimeco Pantitlán-Esperanza-Palacio, a la altura de la 7 y Chimalhuacán (Ciudad Neza, México). Uno sube por la puerta de adelante y el otro por la de atrás. Algunos pasajeros se percatan y dicen quedito: “¡éstos vienen a asaltar!”

Ladrón 1: Muy buenos días tengan estimados pasajeros. El día de hoy venimos solicitando su amable cooperación. Nosotros acabamos de salir del reclusorio, pero ya aprendimos la lección.
Ladrón 2: Ya no traemos armas, sólo les pedimos su atenta cooperación, pero ya aprendimos la lección y no queremos pesos o centavitos. Por favor de a 5 o de a 10 pesos mínimo.

Los tipos pasan de asiento en asiento estirando la mano.

Ladrón 1: Por favor sírvanse cooperar, nadie va a salir lastimado aquí.

Pasajero molesto: no me presiones

Ladrón 1: Toma en cuenta que ya aprendimos la lección, no traemos armas.

Pasajero (aún molesto): pues no traigo más que estos centavos, hijo…

Ladrón 1: no, no venimos pidiendo limosna, sino cooperación

Escena 2: “bajan”

Los demás pasajeros buscan en sus bolsas y bolsillos. El pasajero molesto le hace señas al chofer de que están atracando al pasaje. El chofer hace una seña por el retrovisor como diciendo “yo no he visto nada, no quiero meterme en problemas”. El camión hace parada y sube un vendedor de paletas, pero al percatarse de la presencia de la “competencia” guarda silencio y espera. En corto le dice al pasajero molesto: “ya los vi, ahorita los reportamos a la base, porque siempre nos asustan n la clientela”. Los ladrones terminan su labor y piden bajada. Mientras bajan, el pasajero molesto les dice:

Pasajero molesto: tomen en cuenta que ya los reconocí

Ladrón 2: No, al que ya reconocimos es a ti… Gracias estimados pasajeros, que tengan un bonito día.

Comentario de grehz:

La anterior escena demuestra que ni la educación es un fracaso total, ni México es un infierno donde la delincuencia violenta acecha a cada instante. Al menos en Neza tenemos ladrones corteses y educados que saludan, piden cooperación y dan las gracias; en vez de andar asaltando a lo descarado, como algunos funcionarios y gobernantes, que lo mismo roban dinero, elecciones, petróleo, o esperanzas.

Tuesday, July 15, 2008

Escenas del Metro, DF

Fantasmas del metro… o transportación y transpiración


click para ampliar

A través de la ventana el DF (Ciudad de México) se mira gris y mudo. No es un silencio de coches, sino un silencio de voces. A esta hora miles de hombres y mujeres saturan calles, escaleras, andenes y pasillos en esa carrera desesperada por el medio de transporte que habrá de llevarlos al trabajo. Miles de pasos desgastan un poco más el suelo viejo de la ciudad; suben y bajan de prisa las escaleras del metro; entran y salen de esos túneles como ratones; suben el calor y cambian de color.



Cuerpos recién lavados, envueltos para ir a trabajar, inician la diaria jornada de transportación y transpiración. En la estación Centro Médico del metro, capturo fantasmas con mi ex-cámara (más bien cámara ex–mía): irreales figuras transparentes pintan como acuarela el aire viciado de los andenes. Fluyen y flotan; aparecen y se extinguen; viajan y bajan.




Línea 3 (parte 1)


1. Un hombre sube al vagón. En su mano lleva un DVD portátil abierto, tipo laptop, mostrando la pantalla a los pasajeros. Al hombro lleva una mochilita colgando de una correa que le cruza el pecho, como canana. En la mochilita, discos y el sonido: se observan las bocinas. “Te vale 10 pesos, DVD con 15 éxitos del New Age…”


2. Una chica sube en la siguiente estación. “Muy buenos días, venimos ofreciendo disco compacto en formato mp3 con 150 éxitos de los románticos de ayer”. En su mano lleva un reproductor de CDs y al hombro una mochilita con las bocinas. Empieza la música “Cómo te va mi amor, cómo te va…”, “Frente a frente / bajamos la mirada / pues ya no queda nada de qué hablar…”.


3. Tres estaciones antes había subido otro hombre que, sin pronunciar palabra, mostraba a un lado y a otro del andén la pantalla de su mini DVD player, del que surgía una voz de acento cubano que daba indicaciones precisas sobre cómo realizar un giro en el baile de salsa. Mientras tanto, la pantalla muestra a una pareja modelando despacio dicho movimiento. Luego comienza la música y el vendedor anuncia: “lleve el DVD Clases de Salsa. Incluye pasos, vueltas básicas y avanzadas, rutinas de grupo y más. Además videos de Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuel, Grupo Niche, Rubén Blades, Son de Azúcar. Lleve su DVD por sólo 10 pesos…” Saco una moneda de $10 y adquiero mi DVD para aprender salsa.




Metro Pantitlán (paradero)


En la salida Q el laberinto alfabético del metro Pantitlán, justo al lado de la flamante nueva Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el “pasaje” (los pasajeros) abordamos el micro Esperanza-Palacio-Neza. Detrás sube un chofer gordo, alto, muy moreno, de cola de caballo y gorra “NY” con la visera para atrás. Lleva en la mano un montón de monedas y pasa de asiento en asiento a cobrar la tarifa. Luego aplasta su asiento como un rey y arranca. Mientras avanza por la congestionada y llena de topes calle “Prosperidad”, observo el abigarrado decorado en la cabina del chofer. Bocinas acolchonadas en techo y frente. Al centro, moderno estéreo de lucecitas azules. Debajo de éste, calcomanía en relieve que muestra un águila-ángel-demonio roji-azul. Debajo, una mini-TV, y más abajo un espejo retrovisor con calcomanía de Diablo-Calavera-Ángel. Debajo, pegado al parabrisas, cruz con Cristo, y a los lados banderas de Mex y EU. Al lado, un pequeño nicho aloja a otro Cristo que predica de pie; y sobre él, un emblema ovalado de la marca Ford.

El extinguidor al lado del chofer está forrado con el emblema de Coca-Cola.


Sobre la cabeza del chofer, y a ambos lados del techo, bocinas ovaladas SONY enmarcadas en gruesas palomas Nike.

Debajo, junto al monedero, un rostro de Cristo sufriente, en relieve y con corona de espinas.

Los pasajeros rezamos mientras este altar rodante, de sagrados símbolos, cruza veloz el purgatorio…




Línea 7… o competencia Comunicativa en el Metro


Escenario: Línea 7, tren de los “nuevos”, de la estación Puebla a Pantitlán


Personajes:

- vendedor de plumas de baloncito

- pasajeros fumigados tras un día de trabajo

- “fieldworker” (trabajador de campo = tomador de notas = tipo insanamente curioso = yo = grehz)


Episodio I


(El vendedor entra y muestra unas plumas para escribir, con punta de baloncito)


Vendedor: Señores pasajeros, yo soy vendedor ambulante del metro. Yo vendo plumas, lo que pasa es que me acaban de agarrar los agentes y me quitaron toda mi mercancía y también me cobraron 400 pesos de multa. Si alguna persona desea ayudarme, no vengo a pedirles que me regalen dinero, yo vendo plumas, las doy a $5, pero ahorita las estoy dando a $3, nomás para sacar pa’ mis gastos. Aquí traigo el papel, mire [saca un papel y lo desdobla y lo muestra mientras camina por el vagón], estas son las multas que nos quitan [enseña el papel junto con las plumas de baloncito].


Pasajeros: (Todos le compran; yo también)



(Narrador: Esto es competencia comunicativa: vendió todo, fue breve y persuasivo; conmovió y convenció).


Episodio II


Pasajeros: (transbordamos en Pantitlán a la línea B del metro férreo, dirección La Paz. 10 minutos después el mismo tipo sube al vagón donde viajo)


Vendedor: Hace un rato me agarraron a mi y me quitaron $400. No les pido que me regalen, me dejaron sólo dos agendas y les pido, si alguna persona quiere comprarme esta pinche agenda, la dejo en sólo 5 pesos, nomás para comprar mañana mi mercancía. (saca una agenda, luego otra, etc.)


Epílogo: Nuevamente vendió todo. ¿No es eso competencia comunicativa en acción?




Linea 3 (parte 2)… Sociedad 20:80


Viajo en el metro, línea 3, una de las menos “pobres”. En un solo viaje de unas 10 estaciones, se han subido muchos vendedores o cantantes o pidientes. Un hombre maduro que canta corridos, un vendedor de mapas de 10 pesos, una sordomuda dejando sus bolsitas de dulces en las piernas de los que van sentados, un hombre ciego y viejo –pero no anciano- acompañado de un niño que grita sin parar “a peso a peso a peso a peso...”, un dueto de jóvenes tocando música sudamericana con quena y cuatro... y otros que no recuerdo. Ocurrió en varias ocasiones que subían dos vendedores o cantantes al mismo vagón, por lo que sus anuncios o servicios se superponían, aunque no necesariamente se hacían competencia. Por ejemplo la mujer sordomuda repartió sus bolsitas de dulces como si nada, mientras el dueto sudamericano interpretaba ‘pájaro chogüí’. Esto es en el metro, línea 3, de la Ciudad de México. Iztapalapa es ‘hogar’ de muchos de estos desempleados o subempleados que salen cada día a hacer lo que pueden “para no morir víctimas del hambre”, como le dijo doña Borola a su marido cuando salió a robar comida al mercado. Este es el “80” de la “Sociedad 20:80” que anticiparon los líderes del mundo en el Hotel Fairmont de San Francisco en 1995…




Pasajeros del metro


Pasajero 1: En Indios Verdes subió un hombre que parecía haber entablado -y perdido- una feroz batalla con la Mugre. Los puños de ésta se le marcaban nítidamente en las cejas, en los antebrazos, en las piernas y en las arrugas de la frente. Rudos golpes de Mugre amorataban y ennegrecían los pliegues de su cuello, las yemas de sus dedos y las arrugas de su frente. Era un mecánico a media jornada, sin duda. Pero esta certeza no provenía de su aspecto, sino del olor que desprendía: una especie de mezcla de aceite Roshfrans, líquido de frenos y gasolina magna. Todo ello combinado confusamente con grasa de suspensión, fierro oxidado y hule quemado de llanta. Se acercó y me dijo...


Pasajeros 2: Enfrente de mí, un hombre maduro de orejas brillosas leía el "Esto", mientras una joven miraba fijamente al vacío. Ambos visten chamarra azul; ambos se esfuman...



Pasajero 3: A mi lado un señor leía una novela barata. Su pulgar derecho era tan curvo que más que sostener un libro parecía estar pidiendo "rait". En el interior de su boca un obstinado y seguramente desabrido chicle provocaba el rítmico inflar y desinflar de sus cachetes espinudos...




© 2008 gregorio hz (fotos y textos)

Monday, July 14, 2008

Tortero trabajando (video escrito)

Ahora que ni a cámara llego, me limito a tomar "fotos con palabras". Aunqe en este caso se trata más bien de un "video escrito", que sirve a la vez como "registro de observación etnográfica", como historia de vida actuada, o como sano entretenimiento mientras comía una rica torta de quesillo con huevo. El videito resultante puede dar una idea de lo que es tener "empleo seguro" hoy día en México. Ahi va...

Tortero en acción:

Voltear los quesos y el pollo, correr al refri y sacar dos paquetes de pollo, desenvolverlos y ponerlos en el comal, regresar a la mesa y ponerle cebolla y jitomate a dos mitades de pan; sacar dos platos, contestar preguntas del cliente, ponerle papelitos transparentes a los platos, sacar con la palita las tortas del comal y arrojarlas en una tabla, tomar la orden del cliente, cortar las tortas por la mitad, ponerlas en los platos, llevárselas a otro cliente, pedir una orden más de pollo por la ventanita de la pared, limpiar la mesa con un trapo, cortar aguacates, sacarles el hueso, lavar y exprimir el trapo, limpiar la otra mesa, preguntar al cliente “¿para comer aquí?”, atender a los comentarios del patrón que se acerca por detrás, sacar otra torta del comal, ponerla en el plato –donde primero puso el papelito transparente_ preguntar qué refresco quiere “¿Delaware o Coca?”, remover la capa quemada del comal, sacar el Delaware del refri, dárselo al cliente, sacar otra telera de debajo de la mesa central, cortarla, rebanar jitomate, ponerle al pan, ponerle chiles chipotles, poner las dos mitades del pan en el comal, quitarle más mugre al comal, sacar otro plato, ponerle papelito transparente, responder preguntas del siguiente cliente…

Repetición de la misma secuencia durante 8 o 10 horas = empleo seguro

Thursday, July 03, 2008

200 años después...

Si usted leyó el relato "Caña... ¿de azucar?", enviado por la maestra Margarita Castillo León, de Coatepec/Veracruz (post del 19/Jun), tal vez habrá pensado que la explotación inaudita que padecen los cañeros mexicanos en pleno siglo 21 se debe a las políticas neoliberales, al TLCAN, o cosas así (si no lo ha leído, realmente debería, de preferencia en este momento).

Pero fíjese, acabo de ver (y fotografiar) estas libretas de niños de 2o de primaria de una escuela de Iztapalapa (México, D.F.), que formaban parte de su exposición de fin de año escolar. Si usted lee con detenimiento estos apuntes, notará que las causas de la guerra de independencia de México (iniciada en 1810) parecen más bien un manifiesto de los cañeros del relato aquel, o de cualquier grupo de trabajadores del campo o de la ciudad en el México de hoy.
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Según estos apuntes de una niña de 2o de primaria, las causas de la independencia de México (en 1810) aún persisten en pleno siglo 21. Uno se pregunta: ¿si esas causas provocaron una guerra de independencia en 1810, qué van a provocar 200 años después, quizás en el 2010? ¿Qué diferencia hay entre el colonialismo y la esclavitud descarandos en tiempos de la colonia, y el neoliberalismo y la explotación descarados en la era global?

Tuesday, June 10, 2008

Lectura y Autoridad, Verdad y Poder

Lectura: del Latín: lectus= escoger, colectar, seleccionar, elegir
Inteligencia: del Latín intellectus = discernimiento, entendimiento; inteligir= entender, discernir

Autor: del Latín auctor = promotor, originador, creador (facultad de Dios) (creador de una obra escrita; escritor)
Autoridad: del Latín auctor, auctoritat, auctoritas = opinión, decisión, poder (persona en control o cargo de; con influencia o poder; persona con un nivel alto de conocimiento o habilidad en un campo; experto)

Voz = derecho de expresión pública y abierta de un deseo, opinión, elección, creencia, convicción; influencia
Sin voz = sin capacidad para hablar; mudo

Leer y escribir son actividades intelectuales por excelencia

Lectura
Los sustantivos lectura e inteligencia (o intelecto), los adjetivos lector e inteligente, y los verbos leer e inteligir, tienen la misma raíz etimológica: elección o selección. Es decir, leer es seleccionar o elegir sólo aquello que interesa de un texto o conjunto de datos. Un lector es, por tanto, alguien que selecciona, elige, o discrimina; alguien que es selectivo. En el nivel simple de la decodificación de los signos gráficos, por ejemplo, “leer” el signo “l” en el grupo de letras “leer”, significa elegir que significa “letra ele” y no número l, como en el grupo de signos “l54”. Y si leer es seleccionar, una persona inteligente es alguien que selecciona o discrimina lo importante de lo secundario, alguien que clasifica y pone orden en el caos de la percepción. Por lo mismo, un “buen lector” es un buen elector; y alguien que intelige es alguien que elige. Hacer una lectura es hacer una elección. No se “lee” en general; se lee en cierta forma…

Autoridad
Al que lee un libro se le llama lector. Quien lo escribe es autor. De alguien que tiene un conocimiento profundo sobre algo, se dice que es una autoridad en la materia. Y de alguien que tiene permiso para hacer algo, se dice que está autorizado. Leer nos hace electores, pero no autoridades. Leer mucho sobre algo puede, tal vez, hacernos conocedores de algo… Escribir convierte a la persona en autor, es decir, en persona autorizada para decir algo, para exponer su verdad, para hacer público su razonamiento. Leer un libro puede ser un acto privado, íntimo, que provoca ideas, pensamientos, imágenes… escribir implica hacer público el pensamiento, exponerlo a otros…

Friday, June 06, 2008

El TLC (NAFTA) en persona

Hace unos días buscaba un libro en la biblioteca de Leyes de la Universidad de Vanderbilt, cuando me topé con una persona non-grata de la que sólo sabía por las noticias… y por las nefastas consecuencias de sus actos en las vidas de los mexicanos que no hemos transado, es decir que no nos hemos enriquecido “inexplicablemente”. ¡Se trataba nada menos que del mismísimo TLC en persona! Conocido también como TLCAN y como NAFTA, este documento ocupa 9 gordos y pesados volúmenes, entre tratados, comentarios, reglas de disputas, y reglas de arbitraje inversionistas-estado. Dudo sinceramente que lo hubiera conocido en persona de no haber entrado y caminado en esta lujosa y selecta biblioteca de una universidad gringa. ¿Cuántos mexicanos tienen siquiera idea de “cómo es” el TLC en persona? Son MILES, literalmente MILES de páginas y de cláusulas de acuerdos que nos atarán como país por quién sabe cuántas décadas o siglos. Cláusulas que garantizan todas las facilidades para la “inversión privada” y todas las dificultades para la gente de carne y hueso en cuyo nombre se firmó este documento que bien podría describirse como una verdadera, auténtica, detallada, legalmente fundamentada, cuidadosamente redactada, prolíficamente apoyada en notas al pie, lujosamente encuadernada, revisada, corregida y aumentada mentada de madre para las clases trabajadoras mexicanas.

Claro que no hace falta conocer en persona los 9 obesos volúmenes del TLC (NAFTA) para sentir su impacto en nuestras atolondradas vidas. Como bien lo explica Flor Crisóstomo, la zapoteca que desafió al imperio, “es muy difícil ser una persona perseguida, acosada, señalada con el dedo, cuando tú sólo vienes (a EU) a buscar lo que se te arrebató descaradamente hace 14 años a través de la creación de las políticas comerciales como el TLCAN, que dañó tanto a México y que nos obligó a millones de personas a desplazarnos para buscar el sustento para nuestros hijos”

De todos modos, y nomás porque su funesta influencia se extenderá a lo largo de las vidas y las muertes de nosotros y de las generaciones venideras, no está de más echarle una ojeadita. Tal vez haya algunas copias en español (tal vez) en alguna biblioteca mexicana, o en algún sitio de Internet, o cuando menos en algún bunker del gobierno mexicano. Mientras hallan su copia, les adelanto aquí la primera página, donde se explican los objetivos generales del tratado de la desdicha. Tan gordo es el libro, que tuve que mantenerlo abierto con mis dedos:

Nótese que el objetivo número uno (inciso a) es eliminar las barreras y facilitar el cruce de "bienes y servicios"... pero nada se dice del cruce de trabajadores, como si los bienes y servicios tuviesen pies, y los trabajadores estuviesen pegados al suelo... Para cerrar mi encuentro personal con el TLCAN, me permití deslizar entre sus gordos volúmenes un ejemplar de México ante Dios, libro que Erandi, una de las migrantes que he entrevistado en EU insistió y reinsistió en prestarme, aún cuando le advertí que he leído muy pocos libros gordos en mi vida, y que a mí la lectura me produce más sueño que el valium. Pero bueno, lo tomé porque yo había visto ese mismo libro en otra “traila” (casa ambulante o “mobil home”, típica de los nuevos migrantes mexicanos en EU) y me llamó la atención que gente que usualmente se describe en los medios como “no lectora” estuviese tan interesada en ese gordo libro. En fin, lo estoy leyendo y se trata de una novela histórica que todo mexicano debería leer, pero de la que comentaré con más detalle en uno de mis próximos posts (así se llaman las notitas que uno va añadiendo al blog)… Por lo pronto baste decir que, como la siguiente foto indica, en los últimos 200 años nuestro pobre país ha sido estrujado y exprimido por estos dos monstruos: la iglesia católica y la política económica…

Texto y fotos © 2008 gregorio hz

Thursday, May 22, 2008

Primavera 3: Tulipanes

En medio de historias de vida que golpean como bofetadas, pues ilustran los devastadores efectos de la globalización del capitalismo... y en medio de la mutación ideológica que disuelve como ácido las creencias, las utopías y los sueños de igualdad humana... y mientras somos testigos y víctimas de la destrucción de la premisa básica de la sociedad moderna (la idea de que como "ciudadanos" pertenecemos a una comunidad de iguales) pues, como bien dijo Orwell en Rebelión en la Granja, “todos los animales son iguales pero algunos son más iguales que otros”… bueno pues, en medio de tanta desilusión los tulipanes siguen impasibles su ciclo de tersa y colorida vida. Van unos de regalo, que he recogido con mi ex cámara prestada (ya la regresé y no tengo ni para una desechable! -se aceptan donativos!!). Los miré muy cerca en las calles que a veces piso “del otro lado”, o sea en “el Norte”, o sea en las floridas banquetas de Gringolandia, embellecidas también por manos mexicanas. Ahí van…

Tulipán-botónTulipán-abriendoTulipán abiertoManifestación de tulipanesTulipán minoritario (levemente oscuro)Tulipanes de pilón
© 2008 gregorio hz