Wednesday, January 30, 2008

Caña... ¿de azúcar?

por Margarita Castillo León

(Coatepec, Ver.)
argonautacastillo@yahoo.com.mx
© 2008 texto y fotos


Las Lomas, municipio de Coatepec Ver. Por la tarde del último viernes de mayo, cuando empezada ya a pardear y muchos de los habitantes del pueblo se encontraban afuera de sus casas, esperando que después del intenso día de calor por fin refrescara, se dejaron escuchar los cláxones perdidos de aquellos camiones cargueros que, dejando el área parcelar, entraban al pueblo.

Eran los cañeros quienes, entre gritos de júbilo, risas y saludos dirigidos a los pobladores, dentro de las carrocerías, sobre la caña, blandiendo los machetes, celebraban el final de la zafra. No hizo falta verlos para saber que venían tomando aguardiente.

En Las Lomas es tradición que las cuadrillas completas hagan el trayecto con la última carga de caña de azúcar que su carro entrega al Ingenio Mahuixtlán. El camión es adornado por ellos mismos, con una cruz hecha con trozos de caña, en las redilas flores de papel y/o globos de colores (no puedo imaginar a esos hombres, que se miran rudos, colocando con delicadeza sus adornos). Celebran, pero se divisa en ellos un aire de tristeza, a saber si éste se debe a que se despiden del trabajo que durante meses vinieron realizando; por sentir que en ese lapso dejaron entre los campos, a cada mechetazo, un poco de su vida… o por no tener en qué trabajar mañana.

En Las Lomas somos alrededor de dos mil habitantes, por lo que todos nos conocemos, pero cuando los cañeros vuelven de un día normal de trabajo es difícil identificar a cada uno, puesto que las cenizas negras en que se convierten las hojas de la gramínea (técnica de roza), les cubren por completo piel y ropa. En esa negritud sobrepuesta, no puede dejar de evocarse a aquellos primeros hombres que de manera forzada llegaron a nuestra tierra para realizar el mismo trabajo, varios siglos atrás.

La producción de caña de azúcar que caracteriza a Veracruz inició con el establecimiento de un ingenio en Tepeacan, cerca de Santiago Tuxtla, en 1526, por Hernán Cortés. Posteriormente, en 1585, Francisco Hernández de la Higuera fundó el Ingenio Grande o La Santísima Trinidad (hoy El Grande); entre 1590 y 1600, con distintos dueños, surgieron: Nuestra Señora de los Remedios (Pacho); Nuestra Señora de la Concepción (El Chico), San Pedro Buenavista (La Orduña), entre otras haciendas azucareras.

La llegada de la caña de azúcar a La Nueva España se le atribuye, pues, a Hernán Cortés, y a Francisco Hernández de la Higuera su producción en la zona Xalapa-Coatepec. Para el cuidado y procesamiento de esta planta no fue suficiente la mano de obra indígena, que ya había decrecido notoriamente debido al maltrato y a las enfermedades que trajeron los españoles, así que los hacendados se vieron en la necesidad de introducir esclavos negros que aseguraran el mantenimiento de ingenios y trapiches. Desgraciadamente las condiciones de trabajo actuales en este tipo de producción parecen no haber variado mucho:

Carlos tiene apenas quince años, estudió hasta el Primer Grado en la Telesecundaria Lázaro Cárdenas del Río, en Las Lomas, es de complexión delgada y bajito para su edad. Durante esta zafra 2005-2006 ayudó en el gasto familiar con el pago que recibía como cortador de caña.

Alejandro es un poco mayor, el año antepasado salió hacia Hermosillo junto con otras personas que fueron contratadas y recogidas en Las Lomas para ir a cosechar uva. Regresó y también participó en esta zafra desde que inició (octubre-noviembre), hasta concluir.

Ambos refieren jornadas de trabajo iniciadas de seis de la mañana a ocho de la noche, aunque “cuando se dejaba mucha caña botada había que entrarle desde las tres de la mañana (…) al principio se pelan los hombros, pero después se va uno acostumbrando”. El trabajo incluye sábado y domingo.

Si durante la zafra que recién concluyó los trabajadores se dedicaron a cortar con machete el producto, y una alzadora, proporcionada por el mismo Ingenio Mahuixtlán, cargaba el camión, el pago que recibió la cuadrilla (7 u 8 personas), fue de veintiséis pesos con cincuenta centavos ¡la tonelada! Cuando la cuadrilla no sólo cortó la caña, sino también la subió a hombro al camión, el precio por tonelada fue de treinta y siete pesos con cincuenta centavos (¡cortar, cargar y subir mil kilos por menos de cuarenta pesos para ser repartidos entre todos los miembros!) “…al camión (continúa Alejandro), le caben de diez a trece toneladas, dependiendo del camino, y más o menos viene uno saliendo con cien, ciento veinte pesos al día”.


Frente a lo anterior no resulta difícil comprender el problema de migración que ya se enfrenta en Las Lomas: hombres, mujeres y familias enteras radican ahora en los Estados Unidos o ciudades de la frontera norte.

A mitad de la zafra el ingenio otorgó, como compensación, un peso más por tonelada, por cuadrilla, así que para lograr mil pesos, el grupo debió (insisto) cortar, cargar y subir mil toneladas, que divididas en pesos significaron alrededor de ciento veinticinco, como incentivo para cada cañero por cuatro meses de trabajo (o treinta pesos por mes, o un peso diario), en las jornadas referidas.

Si el trabajo de los cortadores de caña es tan mal remunerado, las ganancias de los productores son también bastante exiguas, oscilando entre dos mil quinientos a tres mil pesos anuales por hectárea, dependiendo de los gastos, así como las condiciones del terreno y la cepa.

El pueblo Las Lomas está compuesto por 448 hectáreas, que incluyen tanto área parcelar como asentamiento humano, y hasta antes de la crisis cafetalera de 1995 basaba su economía en la producción del aromático. Actualmente la situación del café es aún peor que la de la caña de azúcar, ya que representa muchos más gastos en su cosecha y en el cuidado que los cafetos requieren durante todo el año; por ello muchos de estos campos están siendo tirados para convertirse en cañaverales.

Para apoyar la producción cafetalera, el sector gubernamental ha difundido y sostenido su apoyo al campo (¿Quién no ha visto o escuchados algún comercial de esta índole?). Así, por ejemplo, el día 18 de enero de 2006, los productores de café de Las Lomas fueron citados para recibir sus pagos, mediante cheques, que el Programa del Fondo de Estabilización, Reordenamiento y Mejoramiento de la Cafeticultura otorgó en los denominados Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria Dirección Regional Puebla-Tlaxcala-Veracruz. Treinta y nueve productores se apresuraron a fotocopiar su credencial del IFE para, entregado este documento, recibir el “apoyo” de la ignominia y la vergüenza:

Juana Colorado P. fue beneficiada con treinta y cuatro pesos con noventa y un centavos; Eleuterio Colorado Santamaría con diez pesos cincuenta centavos; Lucina León, mi madre, con cuarenta y cinco pesos (al menos fue una cifra redonda y no nos vimos en problemas para devolver dos o tres centavos de cambio); Zenón León Molina con treinta y nueve pesos con ¡ocho centavos!; Rosa Hernández con cuatro pesos con veintiocho centavos; Juana Romero Gómez con once pesos cuarenta y seis centavos; Adela Gómez Ronzón con cuarenta y dos pesos con ochenta y tres centavos, por citar algunos ejemplos.


Desgraciadamente el problema no acaba aquí, ya que en este intento de campesinos y productores por sobrevivir, se está ocasionando un ecocidio involuntario. Miles de añosos árboles que servían como plantas madres a los cafetos están siendo tirados para dar paso al cañaveral. La fronda se está convirtiendo en suelo raso.

Don Chico León es un hombre de más de ochenta años, y al respecto recuerda con tristeza: “Esos árboles de nacaztle los sembró el dijunto mi agüelito [antes del repartimiento agrario iniciado en 1932]… todavía lo mandó el dueño de la Hacienda La Orduña, don Alfonso Pasquel… fácil esos árboles andaban por los noventa, cien años.”

Quien sostenga que este modelo económico neoliberal es apropiado y debe continuar aplicándose, una de tres: Ignora por completo la situación del campo, resultándole un problema ajeno y no tiene la más remota idea de la lucha por la subsistencia que se libra cada día; se encuentra en la cúpula y pertenece al grupo dominante que utiliza parte del presupuesto para otorgar cuatro pesos a un productor; o definitivamente es un vende patrias que mediante la política del hambre pretende que los campesinos abandonen la tierra y su arraigo… o las tres.
Bibliografía consultada:
  • Bermúdez Gorrochotegui Gilberto. El mayorazgo de la Higuera. Xalapa: UV, 1987.
  • Castillo León Margarita. Ecos del cafetal. Xalapa: PACMyC, 2001.

No comments: