Tuesday, April 22, 2008

El pantano de la tristeza...

La maestra R. Estela da clases en una primaria en México. Alegre y comprometida lectora, maestra y actriz... hoy lucha por salir del pantano de la tristeza. Pienso que ella es de esa minoría de la que habla Doris Lessing (ver a la derecha), y la única respuesta auténtica que puedo darle ahora es el fragmento de La historia interminable, que abajo transcribo...

Estoy muy angustiada por lo de la entrega al sabático y todo lo que me falta... He hecho todo lo posible para salir de esta tristeza que siento (yoga, natación, psicóloga, vitaminas, etc) y sigo muy triste, angustiada y con un sentimiento de soledad enorme. Tengo muchas amistades y gente que me apoya como tú... pero extraño mucho a mi mamá y a veces siento que la verdad, ya nada vale la pena. Quisiera mandar todo al cuerno y desaparecer pero aquí sigo y me rehuso a dejarme vencer por la tristeza, lo malo es que mi autoestima está hasta el piso y mi concentración no sé dónde ande. Gracias por estar y por leer hasta estos lamentos que me apenan tanto pero este sentimiento se va convirtiendo en un monstruo que amenaza con aplastarme y el contarlo me ayuda mucho.



El siguiente fragmento de La historia interminable (novela que todo mundo debería leer) es el diálogo entre Atreyu (el niño héroe) y su caballo Ártax, a quien invade el desánimo al cruzar El pantano de la tristeza. Deben hacerlo para continuar la búsqueda de un remedio para evitar que la nada se apodere del reino de Fantasía:

-Artax -dijo Atreyu-: ¿qué te pasa?
-No lo sé, señor -respondió el animal-, creo que deberíamos volver. No tiene ningún sentido. Corremos tras algo que sólo has soñado. Pero no lo encontraremos. Quizá sea de todas formas demasiado tarde. Quizá haya muerto ya la Emperatriz Infantil y todo lo que hacemos sea absurdo. Vamos a volver, señor.
-Nunca me has hablado así, Ártax -dijo asombrado Atreyu-. ¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo?

-Es posible -contestó Ártax-. A cada paso que damos, la tristeza de mi corazón aumenta.Ya no tengo esperanzas, señor. Y me siento cansado, tan cansado... Creo que no puedo más.

-¡Pero tenemos que seguir! -exclamó Atreyu-. ¡Vamos, Ártax!

Le tiró de las riendas, pero Ártax se quedó inmóvil. Se había hundido ya hasta el vientre. Y no hacía nada por librarse.

-¡Ártax! -gritó Atreyu-. ¡No puedes abandonar ahora! ¡Vamos! ¡Sal de ahí o te hundirás!

-¡Déjame,-señor! -respondió el caballito-. No puedo soportar más esta tristeza. Voy a morir.

Atreyu tiró desesperadamente de las riendas, pero el caballito se hundía cada vez más. Atreyu no podía hacer nada. Cuando, finalmente, sólo la cabeza del animal sobresalía ya del agua negra, Atreyu la cogió entre sus brazos.

-Yo te sostendré, Ártax -le dijo al oído-, no dejaré que te hundas...

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