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Monday, April 12, 2010

Palabras de Arena...

Wordle: palabras de arena
Da clic para ir a la Nube

¡Palabras de Arena llega a Toluca!

Va esta Nube de Palabras como señal de bienvenida a Palabras de Arena, colectivo de Ciudad Juárez, ahora avecindado en Toluca, muy cerca del Ombligo de la Luna.

¿Quieres saber qué es Palabras de Arena?
LEE:

La lucha que no debiera ser
(Ivonne R leyendo con niños en la plaza de Toluca)

Tuesday, December 02, 2008

"Thanksgiving" con sabor mexicano

leelo en La Jornada Migración:

Nashville, TN. 27 de noviembre, 2008. La cena-baile fue netamente mexicana, pese al pretexto para convocarla: celebrar el “Thanksgiving” o acción de gracias. Una versión que se escucha entre los mexicanos en EU sobre qué es el Thanksgiving va así: cuando llegaron los pilgrims (peregrinos ingleses que llegaron al continente americano en 1620 a bordo del barquito Mayflower), estaban cansados, enfermos y hambrientos en una tierra completamente desconocida. Los indígenas nativos compartieron sus alimentos con los peregrinos europeos y éstos les dieron las gracias (thanks-giving). Poco después, los colonos ingleses comenzaron a masacrar y a expulsar de sus territorios a los indígenas que les habían dado de comer… Esa es una versión. La versión oficial sobre el thanksgiving es que los colonos ingleses le dieron las gracias a dios, no a los nativos… El caso es que hoy día ambas versiones coexisten, y sobre todo se aprovecha la fecha (último jueves de noviembre) para que las familias se reúnan a comer pavo relleno, panecillos de maíz y pay de calabaza.

Pero para los paisanos en EU, siguiendo una tradición netamente mexicana, el thanksgiving no es una reunión "familiar", sino un buen pretexsto para una reunión de un montón de familias , amigos, conocidos de los amigos, colados y demás, que apretujadas en una sola casa comen, bailan, beben, platican escandalosamente y se despiden dando las respectivas gracias. En este caso, el evento tuvo lugar en la traila de Irma y Pancho (traila = tráiler = casa móvil o rodante; típica vivienda de los migrantes mexicanos en el Sureste de EU). El toque mexicano se dio desde el inicio: se citó a las 4pm, pero a las 5:40, cuando Rocío y yo llegamos derrapándonos para “no llegar tarde”, la casa aún estaba semi-vacía. Irma ahí nomás, poniendo el mantelito de plástico en la mesa plegable, y su hermano Paco, picando manzanas en la cocina, mientras los personajes chistosos de La Era del Hielo hablaban ruidosamente en la tele de plasma con sonido estéreo. “Como ya está cerca el invierno, hay que ver películas de nieve y todo eso”, señala Irma, mientras nos invita a sentarnos frente a la divertida pantalla de plasma.

La fiesta fue de traje, y poco a poco los invitados comienzan a llegar, cada uno cargando alguna vianda. Irma y Pancho, los anfitriones, pusieron el pavo, que todo mundo calificó de “enorme” y “muy rico”, y que fue una especie de donativo de Wal-Mart, pues “no me lo cobraron, creo que por un error en la caja”, aclara Irma. Rocío y yo trajimos costillas de cerdo en salsa verde, que literalmente volaron, pese a que el pavo era el que tenía alas. Más tarde llegan Enrique e Irma (a quien llamaremos Irma 2), que traen ensalada de manzana en un enorme “bowl” (tazón) que más tarde sería violentamente vaciado por manos de todas las edades. A eso de las 8pm del pavo ya sólo quedan los huesos, pero tuvo que degustarse con postres en lugar de ensaladas, pues éstas llegaron hasta después de las 9 de la noche, cuando los invitados que las traían llegaron, quizás para acentuar el toque mexicano de una fiesta que estaba citada a las 4pm. Georgina y Martín, por ejemplo, llegaron pasadas las 9, con uno de sus clásicos pasteles y un guiso de costillas en chile rojo. Finalmente, Isabel y Arturo llegan cerca de las 10pm acarreando la ensalada rusa en un recipiente del tamaño de una tina. Otros invitados, cuyos nombres quedaron en el anonimato, traen flan napolitano, refrescos, cajas de chelas en los hombros, gelatinas de colores, más ensalada de manzana con nuez y pasas, y así y asá… La barra de bebidas incluyó botellas de 2 litros de Coca Cola y Sprite, ponche con piquete, chelas, y otras bebidas espirituosas que circularon más bien en lo oscurito. El toque mexicano es evidente, sin duda, pues pese a “la peor crisis económica de la historia” (palabras del presidente electo Barack Obama), en esta reunión hay bebida, comida y baile en exceso.

Irma 2 anuncia que trae un CD con “música para bailar de principio a fin”, y aclara: “pero es mp3 y trae más de 100 cumbias, desde las viejitas de los 70s hasta las actuales”. Pancho pone el disco en su estéreo mega-potente y, al ritmo de la Cumbia de los Pobres –himno nacional de Neza-, rompemos el baile Rocío y yo, mientras al menos 30 pares de ojos y varias cámaras escanean el escenario que por el momento es sólo nuestro. A la tercera cumbia, la sala está a reventar, con parejas de baile de amplia experiencia tibiritera, como Isabel y Arturo (originarios de la colonia La Pradera, ahí por la Avenida Central), Sandra e Ismael (del mero corazón de Iztapalapa), Irma y Enrique (de Ecatepec), Irma y Pancho (Tlaxcaltecos avecinados en Naucalpan), así como parvadas de niñitas que corrían descalzas entre los pies de los danzantes. Un verdadero evento de aprendizaje, donde las generaciones jóvenes son socializados en las costumbres, valores, y mañas bailongueras de las generaciones viejas, portadoras de un bagaje cultural que se creía perdido en las calles nezenses e iztapalapenses. Pero no, en Nashville, el mero corazón de la música country, se escuchan y se bailan cumbias como Bella-belluda-belludita, Leyda, o Chambacú, con igual o mayor intensidad que en la Pantitlán y colonias aledañas.

Sin embargo, es posible que el verdadero toque mexicano se haya dado en las pláticas. Entre plato y plato, sorbo y sorbo, cumbia y cumbia, fluyen las historias y los comentarios sobre la vida y el trabajo en Estados Unidos. Irma 2 cuenta sobre su trabajo:

“Por primera vez en ocho años mi esposo no tiene trabajo. Es chirroquero (sheet-rock-ero = experto en tablaroca, material con el que se construyen las casas en EU). Pero últimamente le estaban pidiendo (instalar) 80 tablas por día… están abusando, como los americanos no quieren hacer eso. No quiso, y lo descansaron. Yo donde estoy, empacamos bolsitas de chocolate, hay que meterlas en botecitos de plástico, como para regalo de navidad. Yo estoy en la parte “lenta” de la banda, y ahí te están pidiendo empacar 700 botes al día. Pagan a 7.50 la hora, pero en un solo día sacan la producción de toda una semana, por eso no te dan horario. Te dicen, “entras a las 6am pero es hasta terminar”. Trabajas de 13 a 16 horas seguidas, con media hora para lunch. El otro día una compañera me dijo que si la cubría, mientras ella iba al baño. Le digo, bueno, pero soy nueva, a ver si puedo. Tienes que ir bien rápido, porque la banda avanza y se te acumulan las bolsitas, y hay que meterlas a los botes de plástico. Yo estaba así (Irma mueve su mano rapidísimo, como empujando algo hacia adentro de un recipiente imaginario). No me daba abasto, y eso que estoy en la parte lenta. Pero hay otra área donde la banda va bien rápido. Y ay, la gente sale con la cara como de zombi, después de 14 horas de meter y meter bolsitas sin parar, con los ojos así perdidos… Igual les pagan a los gringos y a los morenos; muchos vienen pero no duran; no aguantan, no les gusta matarse tanto por lo que pagan.”

Pancho, experto en remodelación de casas y anfitrión de la noche, va y viene, ofreciendo chelitas o ponche con piquete. De vez en vez hace una pausa para echarse una cumbia con Irma. Pero luego regresa a atender a los invitados, que en el clímax de la fiesta llegan casi a 50.

Por su parte, Ismael y Sandra, sentados literalmente en el rincón de una cantina (la cantina de la casa), están muy serios esta noche, quizás porque están a sólo dos semanas de partir hacia México, donde están sus hijos de 8 y 11 años, a quienes no han visto en 2 años y medio… Se levantan a bailar de vez en vez. En un descanso nos sentamos al lado y ellos nos platican:

“Rentábamos un departamento en Iztapalapa, pero ni lo disfrutábamos, porque estábamos todo el día en el puesto del mercado, vendiendo tortas. Nomás usábamos el departamento pa’ dormir. Así que mejor saqué un crédito pa comprar una casita allá en Ixtapaluca”, dice Sandra. “Yo ni la conozco –añade Ismael- porque ella la agarró cuando yo ya estaba acá… Nos vamos a ir en la camioneta, jalando una traila (tráiler) con nuestras cosas. Pero esta semana vamos primero a Georgia a llevar otras cosas; de ahí las mandan en cajas a San Luis Potosí, y ahí va mi cuñado a recogerlas para llevarlas al DF.”

Pasada la media noche, la gente comienza a despedirse, no sin dar las gracias a los anfitriones, y de esta manera cumplir el motivo de la velada: dar gracias –thanksgiving.

Afuera, espera el frío y una larga noche económica que en ambos lados de la frontera se ansía que termine de una vez. Pero esta noche de thanksgiving se abren nuevas preguntas: ¿A quién hay qué dar las gracias por trabajar de 13 a 16 horas diarias en EU? ¿A quién hay que agradecer por dejar de ver a tus hijos por más de dos años? ¿A quién hay que agradecer cuando de regreso en México no te den ni las gracias por haberte matado “del otro lado” para mantener a tu familia que ni siquiera podías ver? Los primeros colonos ingleses al menos les dieron las gracias a los indios nativos por darles de comer (antes de exterminarlos). Millones de familias mexicanas han sido sacrificadas en beneficio de unos cuantos… y ni las gracias… ¿Será ese el verdadero “toque mexicano” del thanksgiving?

Thursday, October 30, 2008

A mi esposa se la llevó el Señor…

léelo en La Jornada Migración
La última vez que llevé mi Toyotita beige, modelo 94 al taller mecánico que me recomendó Santiago, mi amigo nicaragüense, conocí a Víctor. Originario de Sonora, Víctor tenía su taller en Nolensville, el área “Hispana” de Nashville. Santiago me había hablado muy bien de él, y no se equivocó. Víctor era un hombre alto y fuerte, en sus 50s, de manos grandes y gruesas, y experto en mecánica automotriz. Yo pensé que tendría que dejar el carro y regresar después, pero Víctor me insistió que esperara en la oficinita, donde había calefacción, unas sillas y revistas para pasar el rato. Al cabo de una hora, Víctor entra limpiándose las manos con un trapo, y me dice “ya estuvo”. Se dirige al escritorio y se sienta para hacerme la cuenta. Mientras captura mis datos en la computadora y prepara la factura, me explica lo que se le hizo al carro, pero en medio de sus frases técnicas noto la expresión nostálgica y ansiosa de sus ojos. Sin decir agua va, cambia de tema y me dice:

“A mí se me fue mi esposa. Se la llevó el Señor. Acabábamos de recibir los papeles de la residencia permanente. Estuvimos 10 años prácticamente presos aquí en EU. Entonces cuando nos dieron la residencia, lo primero que dijimos fue “vámonos a Hermosillo, a ver a la familia”. Ella quería ver a su familia. Pero al poco tiempo se puso mal y la llevamos al hospital. Ahí nos dijeron que tenía cáncer de estómago. Pero ella de todos modos quiso ir a Hermosillo. Le hicieron sus primeros tratamientos y fuimos. Luego regresamos y siguió en tratamientos. Duró año y medio. Fíjate, un cáncer que te lleva en 4 meses, y ella aguantó año y medio. Mi esposa era una mujer maravillosa. Iba a los tratamientos al hospital y luego se quedaba ahí para hacer traducciones. Siguió trabajando hasta el final. Y todavía quiso ir de nuevo a Hermosillo. Se fue y está vez le dio una embolia allá. Nos avisaron y ahí nos fuimos todos, legales e ilegales, todos. Ahí se quedó mi esposa. Eso fue hace un año.

Yo vendía la publicidad de tres revistas de turismo en México. Manejé eso por varios años. Pero la economía se cayó y se fue todo para abajo. En 1994, cuando la crisis económica, quebraron las revistas. Yo todavía me quedé con una, pero al final la vendí. Luego hice el diseño del periódico del Tec de Monterrey. Pero también afectó la economía y todo se cayó. Yo me vine en 1995, después de esa crisis.”

Con voz a veces entrecortada y a veces animada, Víctor siguió platicándome sobre sus hijos e hijas ya grandes e independientes, sobre los planes que había hecho con su esposa, y sobre su nueva incertidumbre sobre regresar a Hermosillo o no… “Quizás me voy a Arizona, al menos ahí quedo cerca de Sonora". Yo le platiqué de mi hija, de mi familia, de mis dudas y dificultades para reencontrar un camino. Le comenté que yo estaba en la universidad, que hacía historias de vida, y de inmediato comentó lo que muchos me han dicho: “uy, nomás con mi historia haces un libro”. No se lo pedí, pero me quedé con las ganas de regresar a entrevistarlo, con mi grabadorcita. Quería también tomarle fotos haciendo su trabajo de mecánico, que tanto me significaba porque mi hermano mayor fue mecánico y yo su “chalán” por varios años. Me levanté, le agradecí el compartir su historia conmigo, pagué la cuenta y me fui. Tiempo después regresé a su taller, a pedirle que me contara más de su historia. Pero no lo encontré. Uno de sus compañeros me dijo: “le vendió todo al árabe (el otro dueño y socio del taller) y se fue. No dijo a dónde”.

Tal vez se fue a México. O quizás a Arizona. Pero ante la “peor crisis económica de la historia”, que hoy se nos anuncia, pienso que Víctor camina por ahí, en busca de su esposa.

grehz ... Oct/2008

grehz@yahoo.com

Saturday, October 11, 2008

Thursday, August 14, 2008

Paisajes irreales

Atlanta desde el cielo

El avión 747 de Delta Airlines planea suave, cual ala delta, sobre los suburbios de Atlanta, ciudad donde nació Martin Luther King en 1929.

ala delta

Uno lo olvida, especialmente tras un tiempo en el caótico DF, pero la visión aérea de las ciudades gringas impacta: amplísimas avenidas y opulentas zonas residenciales entre bosques sin fin. Son los “suburbios”. Remanso y fantasía de las clases medias y altas de gringolandia. Los suburbios: opulenta razón de nuestros males. Porque les encanta –a los gringos ricos-
vivir a sus anchas... a costa, claro, de los nativos indígenas que fueron eliminados o expulsados, y del resto del mundo, que rinde tributo a EU cada vez que uno de sus ciudadanos se echa un trago de Coca Cola, o ve una película gringa, o una serie de TV gringa, o se comen una hamburguesa McDonalds, o se pone una gorra de los Raiders de Oakland, etc., etc., etc.

Espaciosas residencias con piscina bordean los lagos, o se acomodan cuidadosamente entre sinuosos ríos, o en medio de verdísimos bosques cruzados sólo por rectos freeways (friweis), o serpenteantes bulevares. No les gustan las manzanas cuadradas (excepto en Manhattan, porque el espacio es chico, o en Los Angeles, porque hay más mexicanos que gringos). Las anchas avenidas repiten el ondular sinuoso de los caudalosos ríos típicos de la geografía del sureste gringo. Un cielo brillante y una luz celeste completan el cuadro de fantasía, ilusión óptica, paradisíaco objeto de deseo que atrae como imán oleadas de paisanos que gracias a la televisión y el cine (gringos) se enteraron que no todo en el planeta son sobrepoblados tugurios urbanos, o desolados campos rurales... sin saber que ese mundo suburbano no será para ellos, pues la mayoría de quienes salen con vida tras cruzar el Río Bravo y el desierto de Arizona, acaban en los "guettos" o barrios mexicanos que en nada se parecen a lo arriba descrito. Muchos no llegan siquiera a casa, sino a "traila" (trailer o "mobile home"), pero esa es otra historia y será contada en otra parte.

La vista desde el avión sigue: caminos planitos como manteles, casas que no se tocan entre sí, altísimos edificios que producen vértigo de sólo mirarlos.

Silueta de Atlanta
Foto: internet

Rubbermaid: ¿I have a dream?

Una vez aterrizados y pasados por la "aduana", lo primero que uno ve al llegar al aeropuerto de Atlanta son las referencias a la vida y obra de Martin Luther King. En sus pasillos y salas se exhibe toda una colección de fotos, libros, carteles, y objetos personales de MLK, incluyendo el traje que vistió en Washington D.C. el 28 de Agosto de 1963, cuando dio su famoso discurso “Tengo un sueño” (I have a dream). Irónicamente, en agosto del 2008, la segregación racial salta a los ojos en este mismo aeropuerto.

Jóvenes negros, muy delgados y altos, visten chalecos amarillos fluorescentes con el letrero Gate Serve (algo así como Puerta de Servicio). Muchos llevan audífonos, y todos visten uniformes azules y gris oscuro de tela muy sencilla (visiblemente barata) debajo de los chalecos.
Una mujer madura, de piel negra, y pelo abultado como peluca, empuja un carrito de limpieza que lleva una larga bolsa amarilla marca “Rubbermaid” (algo así como "sirvienta de hule"), y está equipado con diversas botellas de líquidos limpiadores, variados mops o mechudos (peludos y de mechas cortas, de algodón y de fibras sintéticas), escobas, cepillos, espátulas, aerosoles anti-aromas, rollos de papel, y bolsas, muchas bolsas grises para basura.

“Janitor Cart” (Carrito del aseo marca "Rubbermaid")

Una joven negra, de playera café y pantalón negro, aplica fuertes tallones con un mop en la columna metalica del módulo de Delta. Coloca el mop en posición vertical y sus brazos se estiran hacia arriba y abajo para sacarle brillo a la ancha moldura plateada.

Otra mujer -negra- de cabello planchado y gesto endurecido, maneja el carrito que transporta a los viajeros “de edad”, generalmente blancos.

Enfrente, en la sala de espera B11 dos hombres -negros, para variar- limpian la alfombra. Uno lleva un tanque con una manguera que usa para rociar un liquido sobre la alfombra, mientras el otro pasa una especie de podadora con rueditas sobre las partes rociadas. Mientras hacen esto platican y ríen.

En resumen, los empleados de Sbarro (Fresh Italian Cooking) son negros. Los de Cinnabon (World Famous Cinnamon Rolls), también. Los de Burger King, negros. Los empleados de limpieza, negros. Los que cargan las maletas, negros. Los que empujan las sillas de ruedas o manejan los carritos para los viajeros “de edad”, negros también.

La división racial del trabajo es transparente, pues en los acojinados sillones de las salas de espera, se ven principalmente viajeros blancos. Algunos asiáticos; otros pocos, “latinos”. Pero la mayoría apabullante: blancos anglosajones. Descienden de los aviones, o esperan ser llamados para abordar el próximo vuelo. Algunos leen el periódico (New York Times, USA Today, etc.). Otros, cargan y leen libros diversos. Una joven estudia el libro de preparación para el examen GRE (Graduate Record Examination), que hace años yo mismo tomé como requisito para ingresar al doctorado en Berkeley. Otros “trabajan” (¿o juegan?) con sus laptops, hablan por celular… o se sientan a comer en los restaurantes servidos y atendidos por empleados/as de piel oscura.

Lo mismo se ve al interior de las aeronaves. Hombres rubios de variada edad y cantidad de pelo tienen a su cargo la conducción (piloteo) de estos vehículos voladores. Visten camisas blancas y sonríen a los pasajeros que suben o bajan del avión. En mi último vuelo, me tocó sentarme casi al fondo del avión (ora sí que iba “hasta atrás”), y lo que veo al frente es un mar de nucas rubias. Variedades de rubio para las que mi vocabulario no alcanza: rubio claro, rubio oscuro (?), rubio casi blanco, rubio gris, rubio largo, rubio corto, rubio abundante, rubio ralo… y también algunos castaños, pero siempre enmarcando rostros claros, narices rectas, ojos verdes o azules o grises.

Y en las pantallas de plasma que cuelgan de los techos, tanto en el aeropuerto como en los aviones, se observan casi siempre rostros blancos y cabellos rubios dando o comentando las noticias, mostrando el mapa del clima, dando las indicaciones de seguridad, o al menos anunciando hamburguesas. Hoy en particular, la blanca imagen de Michael Phelps inunda las pantallas (nadador estadounidense que está rompiendo records en los Juegos Olímpicos de Beijing).

Michael Phelps
batiendo records en Beijing 2008


En resumen, los que comen en Sbarro (Fresh Italian Cooking) son blancos. Los que gozan de los ricos roles de canela de Cinnabon, también. Los que se auto-engordan en Burger King, blancos. Los que manejan los aviones, blancos. Los que administran el aeropuerto, blancos. Los que son transportados en sillas de ruedas o carritos para viajeros “de edad”, blancos en su mayoría.

Paisajes irreales

De camino a Nashville, el CRJ-200 alza el vuelo y la imponente Atlanta se hace chiquita. Subo y bajo. Del suelo al cielo. Pistas de aterrizaje. Aviones flacos y gordos, chicos y grandes. El sonoro rugir de las turbinas recuerda el himno nacional mexicano… Alzar el vuelo, entrar al cielo. Mirar los bosques, y los ríos de asfalto que los cruzan. A mi lado, un hombre rubio castaño de rasgos angulosos, pierna cruzada y zapatos como del 9 y 1/2 , lee la revista del avión, mientras el avión penetra la gruesa capa de nubes que finalmente termina… pero sólo para dar paso a otra capa aún más alta. El avioncito vuela con nosotros sobre un mar de nubes voluptuosas y bajo un cielo de nubes aplanadas.
Paisajes irreales
Foto: gregorio hz, 2004

Luego se aproxima a la ciudad de la música, sucesión de suaves lomas boscosas, salpicada aquí y allá de archipiélagos de lagos, y acariciada por ondulantes y caudalosos ríos. Desde el cielo las avenidas se miran como ondulantes animalitos alargados, con patitas que terminan en cómodas residencias rodeadas por verdes “yardas” (jardines). Paisajes irreales, pero más creíbles que el paisaje de allá abajo, donde las capas sociales difícilmente se rozan.

Típicos suburbios gringos
(algo así se ve desde los cielos de Houston, Atlanta, Charlotte, Nashville y anexas)
Foto: Google Earth

Ebony and Ivory

En 1982 Paul McCartney lanzó su canción Ebony e Ivory (Ebony = madera negra; Ivory = blanco marfil), que interpreta con Stevie Wonder. Blanco y negro, como las teclas del piano. Pero hoy, el Norte es un claroscuro que no canta música sino gime desesperanzas. Ivory es amo y señor de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (laptops, aeronaves, cámaras y pantallas de cine y televisión…), mientras Ebony empuña las viejas tecnologías de la limpieza y el servicio (mops, cepillos, trapeadores, platos y charolas, lápiz y papel para “tomar la orden”...). Ivory al mando de aparatos movidos por símbolos y contenedores de símbolos (software, íconos, chips, pantallas…); mientras Ebony manipula carritos y utensilios movidos por fuerza humana. Los blancos brillan en las pantallas de plasma; los negros visten chalecos amarillos fluorescentes para brillar y no ser atropellados por los peatones (como son invisibles).

Si las constituciones no fueran listas de promesas sino descripciones precisas de lo que es, la de EU tal vez diría:

Artículo 1. En este país los blancos están para mandar y ser servidos.

Artículo 2. En este país los negros están para obedecer y servir.

¿Y los mexicanos? Los mexicanos nos hacemos pedacitos entre nosotros para que unos cuantos se den “vida de blancos” y otros muchos “trabajen como negros”… en ambos lados del Río Bravo.

¿Y yo? Como soy café con leche (y pan de dulce) me cuelo entre ambos colores y países, y escribo lo que veo.

© 2008 grehz

Monday, May 19, 2008

Tenemos derecho... de no hablar


Pancho es home restoration worker (reparador o restaurador de casas). Lleva 13 años en EU:

Acabas de decir que como indocumentados hay derechos que no tienen, ni tendrán…

Ajá

¿Cuál crees que es entonces el lugar de los Mexicanos en EU?

Pues… es como una aventura, nada más... O sea que vienes y en cualquier rato te pueden botar ¿no?

¿O sea, ustedes creen que realmente los mexicanos migrantes no tienen derechos?

Yo creo que sí tenemos derechos, como personas tenemos derechos, aún sin tener papeles…

¿A qué tienes derecho?

Como cuando te agarra la policía. Tú tienes tus derechos de no hablar; y ellos no te pueden hacer hablar, si no quieres… O sea que ese es un derecho que tienes como inmigrante ilegal. Yyyy… creo que ese sería de los únicos… porque como ilegal… te niegan todo, como ir a un hospital o recibir derechos como seguro social o todo eso, o sea no tienen ningún derecho de ellos, más que el seguro de Dios, ja ja.

¿Entonces qué derechos crees que en México sí tienes y aquí no?

El único derecho que tienes allá en México es de que puedes salir libre sin andarte escondiendo de que va a llegar la migración… es la única libertad… o sea que en México vas donde quieras, a cualquier estado y pus… estás en tu país, donde nadie te puede decir nada… supuestamente ¿no?

© 2008 gregorio hz (entrevista y fotos)


Thursday, May 01, 2008

Esclavos del norte... y sin darnos cuenta

Alejandro y su esposa Irma tienen 19 hijos, unos en México y otros trabajando en EU. Él también se fué a trabajar al Norte, pero regresó a su pueblo en el Estado de México tras el trágico accidente en que perdió la vida su hijo mayor, cuando huía de la policía gringa manejando a toda velocidad un auto. Esto es parte de lo que me contó, mientras regaba su milpa:

…permíteme, lo que pasa es que cómo es la vida, fíjate. Yo, a mí nadien me dijo, pero yo me doy cuenta que, por ejemplo, ya tiene muchos años desde que, a lo mejor desde la descendencia de la edad de mi jefe, que somos esclavos del norte, y sin darnos cuenta. Y ya cuando está uno allá en el norte, de todas maneras es un esclavo… y de aquí también, porque si algo hace uno aquí (en México) es por el dinero que mandan, o sea lo que ganan allá… que le dan a uno… honestamente ya aquí ya vale su dinero, y aquí ya compra uno un poquito y se defiende uno un poquito aquí en su país. Pero sí somos sus esclavos, y sin darnos cuenta. Porque fíjate, los que se han puesto abusados, la verdad… pues no han... no, no han hecho billetes, ni nosotros, ¡nadie!, o sea, no... pero ya tenemos un techo donde vivir, ¿ya me entendiste cómo está el asunto? Ira por ejemplo…ira esa casa (señala una casa a lo lejos), esa que está acá, esa es del norte, han ganado dinero en el norte; ora verás, aquí la de Carolina, es del norte; las casitas que están más para allá, ¡puro norte! Entonces como te digo yo este, la verdad, somos esclavos de esos cabrones, y sin darnos cuenta... Pero, pero de que ora peor estando allá ps’es peor, la verdad es que, tiene uno que trabajar, yo también ps’eso yo lo estaba pensando y ora sí ps’ desintegrados de aquí de mis chamacos, de mi familia, pero o sea se dedica uno a puro trabajar mano… de la casa al trabajo, del trabajo a la casa… quiere uno hacer un bille... un centavito mano, la verdad… pues es casi una esclavitud porque… la gente allá no tiene… libertad…

entrevista y fotos © 2008 gregorio hz

Friday, April 25, 2008

Erandi


Cruzando la frontera... a los 21 años

La primera vez pasamos por tierra, por el desierto. Caminamos desde las 8 de la noche hasta las 8 de la mañana sin parar. Se nos perdió el camión que nos iba a recoger. Llegó la migra y nos detuvieron. Trataron de quitarme a mi hijo ahí en el borde, pero traíamos una... yo traía mi identificación de México y pude reclamar, y un acta de nacimiento del niño y demostré que el niño era mío. Y después, esperamos… nos devolvieron al borde, al puente, y ahí esperamos un día más para volver a cruzar. La siguiente vez pasamos por el agua, por el río... ¿cómo pasas el río? La primera noche que pasé el río lo pasé desvestida, con miles de gentes caminando. Te amarran una soga en la cintura, de un lado a otro, eso es la primera vez, y el agua del río pues yo mido un metro y más de un metro y medio y ps' me llega por el cuello el agua. Y mi hijo lo pasaron sostenido de las manos hacia arriba, en alto y caminando. La mayoría de la gente… te ponen una bolsa para que no te vean… te amarran la cintura para que no te lleve el agua, obviamente si te lleva el agua se los lleva a todos, si no… es algo… que no es muy agradable platicarle a la gente.

La peor batalla es la que no se pelea...

Mi mamá es una mujer que es muy, muy luchona, ha luchado mucho en su vida, ha vivido cosas muy… pues yo diría cosas fuertes. Entonces creces con la visión de que nada, nada debe de hacerte sentir que no puedes. Las peores batallas son las que uno no pelea. Esas son las que uno las tiene perdidas. Mientras tú peleas por algo no, no estás derrotado, no se vence uno. Mi visión de ver a las personas… no sé, es algo que a la mejor tú sí has de entender como... cómo te digo, porque yo te escucho a ti, y te escucho muy parecido a ella. Tienes el corte que tiene mi mamá. Sí eres, mmm… eres más este, más objetivo, ves las cosas más analítico, tienes una mirada… no te dejas ir fácil por lo que lees, tienes tu… haces tu propia crítica de las cosas… te veo muy parecido a ellos, a esa gente con la que yo crecí, entre marchas, mítines y todo eso. Cuando mis papás se divorciaron, mis hermanas… nos separaron porque no nos podían mantener juntas. Mis hermanas se vienen a vivir a otra ciudad y yo me quedo sola con mi mamá en México, viviendo solas. Tons una niña de 10 años, caminando entre las marchas, yendo a las huelgas, estando en los movimientos de protesta cuando el magisterio en Morelia… se me imagina como que tú eres así de ese tipo de corte, no eres muy quieto, eres de los que grita, no grita pero sí trata de que lo oigan…

entrevista y fotos: © 2008 gregorio hz

Wednesday, April 09, 2008

Cómo cruzó Reyna la frontera... a los 7 años

Mi mamá estaba embarazada, entonces se subió a una llanta y puso a mi hermana encima de ella. Yo pasé con mi tío, pero no iba en una llanta sino así, nadando. Yo iba con él, agarrada de su cuello. Luego caminamos ese día, y al día siguiente por un lugar así con plantas y árboles, como bosques. Y también había animales, animales así como víboras, y otros así larguitos, feos…
© entrevista 2008 gregorio hz

Wednesday, March 26, 2008

Hojas de otoño


Encontré esto al caminar entre las doradas hojas de maple