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¡Palabras de Arena llega a Toluca!
Va esta Nube de Palabras como señal de bienvenida a Palabras de Arena, colectivo de Ciudad Juárez, ahora avecindado en Toluca, muy cerca del Ombligo de la Luna.
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Pero para los paisanos en EU, siguiendo una tradición netamente mexicana, el thanksgiving no es una reunión "familiar", sino un buen pretexsto para una reunión de un montón de familias , amigos, conocidos de los amigos, colados y demás, que apretujadas en una sola casa comen, bailan, beben, platican escandalosamente y se despiden dando las respectivas gracias. En este caso, el evento tuvo lugar en la traila de Irma y Pancho (traila = tráiler = casa móvil o rodante; típica vivienda de los migrantes mexicanos en el Sureste de EU). El toque mexicano se dio desde el inicio: se citó a las 4pm, pero a las 5:40, cuando Rocío y yo llegamos derrapándonos para “no llegar tarde”, la casa aún estaba semi-vacía. Irma ahí nomás, poniendo el mantelito de plástico en la mesa plegable, y su hermano Paco, picando manzanas en la cocina, mientras los personajes chistosos de La Era del Hielo hablaban ruidosamente en la tele de plasma con sonido estéreo. “Como ya está cerca el invierno, hay que ver películas de nieve y todo eso”, señala Irma, mientras nos invita a sentarnos frente a la divertida pantalla de plasma.
La fiesta fue de traje, y poco a poco los invitados comienzan a llegar, cada uno cargando alguna vianda. Irma y Pancho, los anfitriones, pusieron el pavo, que todo mundo calificó de “enorme” y “muy rico”, y que fue una especie de donativo de Wal-Mart, pues “no me lo cobraron, creo que por un error en la caja”, aclara Irma. Rocío y yo trajimos costillas de cerdo en salsa verde, que literalmente volaron, pese a que el pavo era el que tenía alas. Más tarde llegan Enrique e Irma (a quien llamaremos Irma 2), que traen ensalada de manzana en un enorme “bowl” (tazón) que más tarde sería violentamente vaciado por manos de todas las edades. A eso de las 8pm del pavo ya sólo quedan los huesos, pero tuvo que degustarse con postres en lugar de ensaladas, pues éstas llegaron hasta después de las 9 de la noche, cuando los invitados que las traían llegaron, quizás para acentuar el toque mexicano de una fiesta que estaba citada a las 4pm. Georgina y Martín, por ejemplo, llegaron pasadas las 9, con uno de sus clásicos pasteles y un guiso de costillas en chile rojo. Finalmente, Isabel y Arturo llegan cerca de las 10pm acarreando la ensalada rusa en un recipiente del tamaño de una tina. Otros invitados, cuyos nombres quedaron en el anonimato, traen flan napolitano, refrescos, cajas de chelas en los hombros, gelatinas de colores, más ensalada de manzana con nuez y pasas, y así y asá… La barra de bebidas incluyó botellas de 2 litros de Coca Cola y Sprite, ponche con piquete, chelas, y otras bebidas espirituosas que circularon más bien en lo oscurito. El toque mexicano es evidente, sin duda, pues pese a “la peor crisis económica de la historia” (palabras del presidente electo Barack Obama), en esta reunión hay bebida, comida y baile en exceso.
Irma 2 anuncia que trae un CD con “música para bailar de principio a fin”, y aclara: “pero es mp3 y trae más de 100 cumbias, desde las viejitas de los 70s hasta las actuales”. Pancho pone el disco en su estéreo mega-potente y, al ritmo de la Cumbia de los Pobres –himno nacional de Neza-, rompemos el baile Rocío y yo, mientras al menos 30 pares de ojos y varias cámaras escanean el escenario que por el momento es sólo nuestro. A la tercera cumbia, la sala está a reventar, con parejas de baile de amplia experiencia tibiritera, como Isabel y Arturo (originarios de la colonia La Pradera, ahí por la Avenida Central), Sandra e Ismael (del mero corazón de Iztapalapa), Irma y Enrique (de Ecatepec), Irma y Pancho (Tlaxcaltecos avecinados en Naucalpan), así como parvadas de niñitas que corrían descalzas entre los pies de los danzantes. Un verdadero evento de aprendizaje, donde las generaciones jóvenes son socializados en las costumbres, valores, y mañas bailongueras de las generaciones viejas, portadoras de un bagaje cultural que se creía perdido en las calles nezenses e iztapalapenses. Pero no, en Nashville, el mero corazón de la música country, se escuchan y se bailan cumbias como Bella-belluda-belludita, Leyda, o Chambacú, con igual o mayor intensidad que en la Pantitlán y colonias aledañas.
Sin embargo, es posible que el verdadero toque mexicano se haya dado en las pláticas. Entre plato y plato, sorbo y sorbo, cumbia y cumbia, fluyen las historias y los comentarios sobre la vida y el trabajo en Estados Unidos. Irma 2 cuenta sobre su trabajo:
“Por primera vez en ocho años mi esposo no tiene trabajo. Es chirroquero (sheet-rock-ero = experto en tablaroca, material con el que se construyen las casas en EU). Pero últimamente le estaban pidiendo (instalar) 80 tablas por día… están abusando, como los americanos no quieren hacer eso. No quiso, y lo descansaron. Yo donde estoy, empacamos bolsitas de chocolate, hay que meterlas en botecitos de plástico, como para regalo de navidad. Yo estoy en la parte “lenta” de la banda, y ahí te están pidiendo empacar 700 botes al día. Pagan a 7.50 la hora, pero en un solo día sacan la producción de toda una semana, por eso no te dan horario. Te dicen, “entras a las 6am pero es hasta terminar”. Trabajas de 13 a 16 horas seguidas, con media hora para lunch. El otro día una compañera me dijo que si la cubría, mientras ella iba al baño. Le digo, bueno, pero soy nueva, a ver si puedo. Tienes que ir bien rápido, porque la banda avanza y se te acumulan las bolsitas, y hay que meterlas a los botes de plástico. Yo estaba así (Irma mueve su mano rapidísimo, como empujando algo hacia adentro de un recipiente imaginario). No me daba abasto, y eso que estoy en la parte lenta. Pero hay otra área donde la banda va bien rápido. Y ay, la gente sale con la cara como de zombi, después de 14 horas de meter y meter bolsitas sin parar, con los ojos así perdidos… Igual les pagan a los gringos y a los morenos; muchos vienen pero no duran; no aguantan, no les gusta matarse tanto por lo que pagan.”
Pancho, experto en remodelación de casas y anfitrión de la noche, va y viene, ofreciendo chelitas o ponche con piquete. De vez en vez hace una pausa para echarse una cumbia con Irma. Pero luego regresa a atender a los invitados, que en el clímax de la fiesta llegan casi a 50.
Por su parte, Ismael y Sandra, sentados literalmente en el rincón de una cantina (la cantina de la casa), están muy serios esta noche, quizás porque están a sólo dos semanas de partir hacia México, donde están sus hijos de 8 y 11 años, a quienes no han visto en 2 años y medio… Se levantan a bailar de vez en vez. En un descanso nos sentamos al lado y ellos nos platican:
“Rentábamos un departamento en Iztapalapa, pero ni lo disfrutábamos, porque estábamos todo el día en el puesto del mercado, vendiendo tortas. Nomás usábamos el departamento pa’ dormir. Así que mejor saqué un crédito pa comprar una casita allá en Ixtapaluca”, dice Sandra. “Yo ni la conozco –añade Ismael- porque ella la agarró cuando yo ya estaba acá… Nos vamos a ir en la camioneta, jalando una traila (tráiler) con nuestras cosas. Pero esta semana vamos primero a Georgia a llevar otras cosas; de ahí las mandan en cajas a San Luis Potosí, y ahí va mi cuñado a recogerlas para llevarlas al DF.”
Pasada la media noche, la gente comienza a despedirse, no sin dar las gracias a los anfitriones, y de esta manera cumplir el motivo de la velada: dar gracias –thanksgiving.
Afuera, espera el frío y una larga noche económica que en ambos lados de la frontera se ansía que termine de una vez. Pero esta noche de thanksgiving se abren nuevas preguntas: ¿A quién hay qué dar las gracias por trabajar de 13 a 16 horas diarias en EU? ¿A quién hay que agradecer por dejar de ver a tus hijos por más de dos años? ¿A quién hay que agradecer cuando de regreso en México no te den ni las gracias por haberte matado “del otro lado” para mantener a tu familia que ni siquiera podías ver? Los primeros colonos ingleses al menos les dieron las gracias a los indios nativos por darles de comer (antes de exterminarlos). Millones de familias mexicanas han sido sacrificadas en beneficio de unos cuantos… y ni las gracias… ¿Será ese el verdadero “toque mexicano” del thanksgiving?
La última vez que llevé mi Toyotita beige, modelo 94 al taller mecánico que me recomendó Santiago, mi amigo nicaragüense, conocí a Víctor. Originario de Sonora, Víctor tenía su taller en Nolensville, el área “Hispana” de Nashville. Santiago me había hablado muy bien de él, y no se equivocó. Víctor era un hombre alto y fuerte, en sus 50s, de manos grandes y gruesas, y experto en mecánica automotriz. Yo pensé que tendría que dejar el carro y regresar después, pero Víctor me insistió que esperara en la oficinita, donde había calefacción, unas sillas y revistas para pasar el rato. Al cabo de una hora, Víctor entra limpiándose las manos con un trapo, y me dice “ya estuvo”. Se dirige al escritorio y se sienta para hacerme la cuenta. Mientras captura mis datos en la computadora y prepara la factura, me explica lo que se le hizo al carro, pero en medio de sus frases técnicas noto la expresión nostálgica y ansiosa de sus ojos. Sin decir agua va, cambia de tema y me dice:
Una mujer madura, de piel negra, y pelo abultado como peluca, empuja un carrito de limpieza que lleva una larga bolsa amarilla marca “Rubbermaid” (algo así como "sirvienta de hule"), y está equipado con diversas botellas de líquidos limpiadores, variados mops o mechudos (peludos y de mechas cortas, de algodón y de fibras sintéticas), escobas, cepillos, espátulas, aerosoles anti-aromas, rollos de papel, y bolsas, muchas bolsas grises para basura.
Típicos suburbios gringosPancho es home restoration worker (reparador o restaurador de casas). Lleva 13 años en EU:
Acabas de decir que como indocumentados hay derechos que no tienen, ni tendrán…
Ajá
¿Cuál crees que es entonces el lugar de los Mexicanos en EU?
Pues… es
¿O sea, ustedes creen que realmente los mexicanos migrantes no tienen derechos?
Yo creo que sí tenemos derechos,
¿A qué tienes derecho?
El único derecho que tienes allá en México es de que puedes salir libre sin andarte escondiendo de que va a llegar la migración… es la única libertad… o sea que en México vas donde quieras, a cualquier estado y pus… estás en tu país, donde nadie te puede decir nada… supuestamente ¿no?
© 2008 gregorio hz (entrevista y fotos)
La primera vez pasamos por tierra, por el desierto. Caminamos desde las 8 de la noche hasta las 8 de la mañana sin parar. Se nos perdió el camión que nos iba a recoger. Llegó la migra y nos detuvieron. Trataron de quitarme a mi hijo ahí en el borde, pero traíamos una... yo traía mi identificación de México y pude reclamar, y un acta de nacimiento del niño y demostré que el niño era mío. Y después, esperamos… nos devolvieron al borde, al puente, y ahí esperamos un día más para volver a cruzar. La siguiente vez pasamos por el agua, por el río... ¿cómo pasas el río? La primera noche que pasé el río lo pasé desvestida, con miles de gentes caminando. Te amarran una soga en la cintura, de un lado a otro, eso es la primera vez, y el agua del río pues yo mido un metro y más de un metro y medio y ps' me llega por el cuello el agua. Y mi hijo lo pasaron sostenido de las manos hacia arriba, en alto y caminando. La mayoría de la gente… te ponen una bolsa para que no te vean… te amarran la cintura para que no te lleve el agua, obviamente si te lleva el agua se los lleva a todos, si no… es algo… que no es muy agradable platicarle a la gente.
La peor batalla es la que no se pelea... Mi mamá es una mujer que es muy, muy luchona, ha luchado mucho en su vida, ha vivido cosas muy… pues yo diría cosas fuertes. Entonces creces con la visión de que nada, nada debe de hacerte sentir que no puedes. Las peores batallas son las que uno no pelea. Esas son las que uno las tiene perdidas. Mientras tú peleas por algo no, no estás derrotado, no se vence uno. Mi visión de ver a las personas… no sé, es algo que a la mejor tú sí has de entender como... cómo te digo, porque yo te escucho a ti, y te escucho muy parecido a ella. Tienes el corte que tiene mi mamá. Sí eres, mmm… eres más este, más objetivo, ves las cosas más analítico, tienes una mirada… no te dejas ir fácil por lo que lees, tienes tu… haces tu propia crítica de las cosas… te veo muy parecido a ellos, a esa gente con la que yo crecí, entre marchas, mítines y todo eso. Cuando mis papás se divorciaron, mis hermanas… nos separaron porque no nos podían mantener juntas. Mis hermanas se vienen a vivir a otra ciudad y yo me quedo sola con mi mamá en México, viviendo solas. Tons una niña de 10 años, caminando entre las marchas, yendo a las huelgas, estando en los movimientos de protesta cuando el magisterio en Morelia… se me imagina como que tú eres así de ese tipo de corte, no eres muy quieto, eres de los que grita, no grita pero sí trata de que lo oigan…
Mi mamá estaba embarazada, entonces se subió a una llanta y puso a mi hermana encima de ella. Yo pasé con mi tío, pero no iba en una llanta sino así, nadando. Yo iba con él, agarrada de su cuello. Luego caminamos ese día, y al día siguiente por un lugar así con plantas y árboles, como bosques. Y también había animales, animales así como víboras, y otros así larguitos, feos…