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¡Palabras de Arena llega a Toluca!
Va esta Nube de Palabras como señal de bienvenida a Palabras de Arena, colectivo de Ciudad Juárez, ahora avecindado en Toluca, muy cerca del Ombligo de la Luna.
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I
Caminaba con Roco por los andadores de la unidad habitacional, en busca de un lugar para que hiciera sus necesidades vitales, cuando una mujer se acerca en sentido contrario y me interpela. Parecía de unos 33 años, y vestía chamarra y pantalón de mezclilla. Su cabello era largo, ondulado y de un color claro que no supe si era natural.
— Perdone…
Pensé que me iba a preguntar por una dirección o la ubicación de algún edificio, pues esto es común donde vivo, dado que no hay mapas ni orden aparente en la disposición de los edificios.
— Bbbbuenos días…
— Buenos días -contesté
De inmediato noté que sus ojos clamaban por decir algo, pero sus palabras chocaban en los labios trémulos y apretados. Su ceño comenzó a fruncirse.
— ¿Dddd… de casualidad no conoce a alguien que necesite que le hagan limpieza, o lavar ropa, o algo así?
Sus manos comenzaron a tallarse una a la otra, como si estuviese lavando trastes.
— Mmmm…
Buscaba yo las palabras para contestarle cuando su rostro, radiante como la mañana, se nubló y sus ojos anunciaron lluvia.
— Es que me acaban de despedir de mi trabajo y mi hijo tiene que ir a la escuela… ¿Usted sabe si alguien necesita una persona para ayudar? Necesito trabajo. ¡Me urge un trabajo!
— No he escuchado por aquí que alguien busque (lo cual era cierto)
Con las lágrimas ya rodando y evidentemente trastornada, su voz suplicante dijo:
— ¿No tiene 5 pesos que me regale? Salí de mi casa temprano y nnnomás me vine con lo del camión… P-p-p por favor.
Saqué de mi pants las monedas que traía y se las di. Me dio las gracias y se fue. Volteé y la vi arrastrar sus pasos por el angosto andador. Los hombros caídos, las manos aún apretándose entre sí. Volteaba a su alrededor buscando un nuevo sitio al cual dirigirse a pedir trabajo. Giraba su cabeza en todas las direcciones, como un niño extraviado en busca de sus padres. Su caminar era lento y cauteloso, como el de alguien que se acerca a un abismo.
La fresca mañana se convirtió en un cuadro de Millet, a la manera de Dalí.

Hace dos días el redondo secretario de Hacienda declara que México está en "schockfinanciero".
Un día después el “presidente del empleo” advierte: “lo peor aún está por venir”.
Ayer, el mismo señor presidente reprochó el que sean los propios mexicanos quienes se empeñen en difundir una imagen negativa del país hacia el exterior. Las ventajas que ofrece México a los inversionistas extranjeros quedarán claras, dijo, cuando “los mexicanos nos decidamos, todos, a hablar con objetividad y con claridad de las cosas buenas... Hablar mal del país para muchos no sólo es un esfuerzo cotidiano, hasta de eso viven, diría yo".
Hablando con objetividad y con claridad: los inversionistas extranjeros deberían ver que aquí hay gente taaan trabajadora que hasta suplica con lágrimas en los ojos que le den empleo.
Pese a que Rafael lleva muchos años en EU, su inglés es casi inexistente. “La primera vez que vine tenía 18 años. Pero cuando uno es joven no le importa nada, no te importa aprender, como que todo es pura vagancia. Por eso nunca estudié inglés; como muchos decía siempre: “¿para qué?, si no me voy a quedar en EU? Pero el tiempo pasa y a la larga ves la realidad: necesitas el inglés para trabajar. Por eso vine a clases”.
Conocí a Rafael en las clases de inglés para adultos en Richmond, California. Insistió en que lo entrevistara, lo cual hice, además de observar atentamente sus clases de inglés. Las clases nocturnas tenían lugar en las aulas de una escuela preparatoria (high school) en un barrio "latino". Enseguida transcribo uno de mis registros de observación. En esa ocasión, el maestro (Jerry) puso una actividad de escritura relacionada con la historia de Ramona (lectura sobre la vida de una tal ‘Ramona’ en el libro de texto).
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Viñeta 6: Historia personal de Rafa
Mar/06/2000: Observación de clase
Sitio: Clases de ESL, Richmond CA, EU
Evento: Escritura de historia personal
Participantes: Jerry (maestro), alumnos (aprox 25 mujeres y hombres adultos, trabajadores migrantes, en su mayoría mexicanos y centroamericanos)
Investigador: ghz (estudiante de doctorado UC Berkeley, realizando investigación para el curso de Qualitative Research Methods con la profa. Anne Hass Dyson. Esta observación de aula es parte de la investigación requerida para acreditar el curso; visité la escuela de ESL (English as a Second Language) durante tres meses aprox, al menos dos veces a la semana, en clases nocturnas. El reporte de investigación completo equivale a una tesis de maestría, para los estudiantes de ese nivel, o a un "position paper" para los estudiantes de doctorado. Se requieren dos "Position papers" más un examen oral para tener derecho a pasar a la fase de hacer la investigación de tesis de grado.
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En la anterior clase, los estudiantes leyeron la historia de Ramona y escribieron una línea del tiempo con oraciones sobre hechos de su propia historia de vida, similar a la de la página 42 del libro de texto. El apéndice 4 muestra la hoja donde Rafa hizo su línea del tiempo.
Jerry (en inglés; traducc: ghz): Okey, tienen sus folders, ¿si? Bien, quiero que ahora ustedes escriban su historia personal, su propia historia, ¿si? Pero primero abran el libro amarillo en la página 43 y usen sus líneas del tiempo para escribir sus propias historias. Bien, vamos a hablar sobre el tiempo pasado: Yo nací… Yo fui a la escuela…
Estudiantes: (abren sus libros y buscan la página 43)
Jerry habla y escribe oraciones en tiempo pasado en el pizarrón, mientras los estudiantes trabajan en forma individual en sus escritorios.
...
Son las 6:40pm. Rafael abre cuidadosamente su libro y su libreta, y los coloca en la paleta de su mesabanco. Mira en silencio la página 43 del libro de texto. Sostiene su lápiz en la mano derecha y la hoja con su línea del tiempo en la izquierda. Comienza a susurrar algunas palabras de su hoja. Ocupa varios minutos pensando e “inspeccionando” su hoja, el libro de texto, y su libreta, mientras mantiene el lápiz en su mano, pero no comienza a escribir. De repente voltea a la derecha y le habla en español a su compañero:
Rafa: Mira, el quiere que hagamos la historia de esta... Ramona y luego tu tienes que hacer... (Look, he wants we to do the history of this... Ramona, and then you have to do...?)
Vecino de Rafel: tu propia historia (your own history)
Rafael: Exacto (Exactly)
Rafa continua trabajando en silencio. Lee en voz “alta” algunas frases del libro de texto, y comienza a escribir muy lentamente la primera línea en su libreta. El resto de los alumnos trabaja en silencio también.
...
El tiempo pasa. Diez, veinte, treinta minutos… Son las 7:40pm. Rafa ha estado observando su libro, su línea del tiempo, e intentando escribir, pero sin éxito. Sus ojos brincan entre la hoja, el libro y la libreta. Su rostro expresa una mezcla de preocupación, desesperación, cansancio, duda. Hasta ahora ha escrito sólo una línea. De repente alza la cabeza y se dirige de nuevo a su vecino de banca: "¡Yo no entiendo esto!" (I don’t understand this!). Entonces se levanta con su libreta y se acerca a Jerry (el maestro):
Rafa: Tengo una pregunta… [no alcanzo a escuchar lo que hablan, pero al final Jerry le dice]
Jerry: Sólo inténtalo, ¿si?
Rafael regresa a su escritorio. Toma su lápiz, borra la línea que ha escrito y comienza de nuevo. Se detiene. Mira la hoja. Lee la página 43 del libro. “Mmmm”, resopla. Sus ojos saltan del libro a la libreta. Aún sigue en la primera línea. Entonces sacude la cabeza y susurra para sí mismo: "Nos falta mucho por hacer..." (We still have a lot to do…). Agarra su lápiz. Su mano derecha batalla para sostenerlo en la posición correcta. Sus dedos se acomodan y reacomodan alrededor del lápiz. Sus manos son gruesas, ásperas, callosas (él es herrero y soldador industrial). Entonces alza los ojos y mira el pizarrón, las oraciones que Jerry escribió ahí. De nuevo mira a su libreta. Su gesto es serio; aprieta los labios. Parece no entender algo. Entonces toma su hoja y la lee. Acomoda de nuevo el lápiz en su mano, lo acerca a la libreta, lentamente. La punta del lápiz toca el papel. Mira de nuevo su hoja (la de la línea del tiempo), escribe una palabra, levanta el lápiz, y mira cuidadosamente su línea del tiempo, una vez más. Arruga la frente, parece estar reflexionando. Suspira. Su libreta sigue en la mesa, blanca aún. Su gesto denota desesperación. Quiere abandonar la tarea. Se levanta y se acerca a otro estudiante. Habla con él. Al parecer éste le explica algo a Rafael, quien regresa a su mesabanco. Toma su libro en la mano izquierda y mira su libreta. La página está aún en blanco, excepto la primera línea.
Son las 8:02. Una hora y media batallando con su “historia personal”. Sus ojos brincan de su hoja Blanca a su línea del tiempo. Sigue adelante: comienza la segunda línea. Son las 8:15, hora del receso. Los estudiantes salen del aula. Rafael se queda en su lugar, trabajando. Cuatro estudiantes más hacen lo mismo (dos hombres y dos mujeres). Después del receso, Jerry comienza una actividad diferente. El apéndice 5 muestra el texto que Rafael finalmente escribió –en casa.
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Memo analítico/Triangulación:
Escribir en esta clase es –oficialmente- una actividad solitaria. Los alumnos trabajan en forma individual, aunque usan el espacio no-oficial para resolver dudas sobre la tarea asignada. Al igual que leer, en esta clase escribir no es una actividad con un propósito significativo. Al final, el maestro es el único que lee los escritos de los alumnos, marca errores, y habla en privado con cada autor individual, en su escritorio. Le pregunté sobre este trabajo de escritura, y esto fue lo que dijo:
Escribir es básicamente una revisión gramatical. A veces hay temas libres, como lo que hicieron el fin de semana –por ejemplo. Pero básicamente el objetivo de estos escritos ha sido “puedes usar…” cierta estructura gramatical. Por ejemplo: “el sombrero está en la mesa”… Entonces, escribir es básicamente un tipo de repaso…
Para un alumno como Rafael, sin embargo, es claro que trabajar colectivamente en tareas de escritura es fundamental. Le pregunté posteriormente sobre sus apuros con esta tarea de escritura en clase, a lo que él respondió haciendo mención de su poca escolaridad en México:
Batallo con esto porque casi no tuve escuela en México, porque tú sabes, una persona que tiene mucho estudio le es más fácil escribir rápido, y yo no puedo escribir rápido muchas veces… No fui a la escuela más de tres años, ¿y qué aprendes en la primaria? Y uno fue más dedicado a trabajar… muchas veces te quedas pensativo y tu cabeza te hace así (hace un movimiento como de estar mareado), y ni siquiera sabes qué poner… “¿pondré esto?” No estás seguro.
Como se ha planteado en investigaciones previas, Rafael siente también el estigma de la baja escolaridad. En la entrevista señaló fue que sólo estudió tres años, sin embargo en su texto (cuyo “destinatario” era el maestro) escribió que había ido seis años a la escuela, lo que significa primaria completa en México. Sus dificultades para escribir su “historia personal” no tienen sólo que ver con su conocimiento limitado del inglés, o con su bajo nivel de escolaridad, sino claramente con la naturaleza individual de la actividad de escribir en clase, y con su probable poca experiencia con los textos autobiográficos (cómo son, para qué son). Pese a que intentó resolver sus dudas, la tarea fue de hecho individual.
Si bien el maestro señala explícitamente que las actividades de escritura no tienen un propósito comunicativo, aprender a escribir en inglés con fines comunicativos sí es un objetivo importante para los estudiantes de este programa. Al preguntar a varios estudiantes si necesitaban escribir en su trabajo, todo mundo dijo “no”, pero agregando siempre comentarios como: “pero quiero aprender, porque no va a estar uno siempre en lo mismo, ¿no?"; “porque luego uno necesita escribir una carta o hacer algún trámite”. En la siguiente sección veremos cómo expresa Rafael mismo su intención de aprender a escribir en inglés.
[1] Hernández Z., Gregorio (2000). Immigrant Spanish-Speaking Adults learning English "Survival Skills" in California, or... Everything You Always Wanted to Have in the USA, but Were Afraid to Ask for* (*in polite English). Berkeley, CA (position paper, 45pp)

Pero para los paisanos en EU, siguiendo una tradición netamente mexicana, el thanksgiving no es una reunión "familiar", sino un buen pretexsto para una reunión de un montón de familias , amigos, conocidos de los amigos, colados y demás, que apretujadas en una sola casa comen, bailan, beben, platican escandalosamente y se despiden dando las respectivas gracias. En este caso, el evento tuvo lugar en la traila de Irma y Pancho (traila = tráiler = casa móvil o rodante; típica vivienda de los migrantes mexicanos en el Sureste de EU). El toque mexicano se dio desde el inicio: se citó a las 4pm, pero a las 5:40, cuando Rocío y yo llegamos derrapándonos para “no llegar tarde”, la casa aún estaba semi-vacía. Irma ahí nomás, poniendo el mantelito de plástico en la mesa plegable, y su hermano Paco, picando manzanas en la cocina, mientras los personajes chistosos de La Era del Hielo hablaban ruidosamente en la tele de plasma con sonido estéreo. “Como ya está cerca el invierno, hay que ver películas de nieve y todo eso”, señala Irma, mientras nos invita a sentarnos frente a la divertida pantalla de plasma.
La fiesta fue de traje, y poco a poco los invitados comienzan a llegar, cada uno cargando alguna vianda. Irma y Pancho, los anfitriones, pusieron el pavo, que todo mundo calificó de “enorme” y “muy rico”, y que fue una especie de donativo de Wal-Mart, pues “no me lo cobraron, creo que por un error en la caja”, aclara Irma. Rocío y yo trajimos costillas de cerdo en salsa verde, que literalmente volaron, pese a que el pavo era el que tenía alas. Más tarde llegan Enrique e Irma (a quien llamaremos Irma 2), que traen ensalada de manzana en un enorme “bowl” (tazón) que más tarde sería violentamente vaciado por manos de todas las edades. A eso de las 8pm del pavo ya sólo quedan los huesos, pero tuvo que degustarse con postres en lugar de ensaladas, pues éstas llegaron hasta después de las 9 de la noche, cuando los invitados que las traían llegaron, quizás para acentuar el toque mexicano de una fiesta que estaba citada a las 4pm. Georgina y Martín, por ejemplo, llegaron pasadas las 9, con uno de sus clásicos pasteles y un guiso de costillas en chile rojo. Finalmente, Isabel y Arturo llegan cerca de las 10pm acarreando la ensalada rusa en un recipiente del tamaño de una tina. Otros invitados, cuyos nombres quedaron en el anonimato, traen flan napolitano, refrescos, cajas de chelas en los hombros, gelatinas de colores, más ensalada de manzana con nuez y pasas, y así y asá… La barra de bebidas incluyó botellas de 2 litros de Coca Cola y Sprite, ponche con piquete, chelas, y otras bebidas espirituosas que circularon más bien en lo oscurito. El toque mexicano es evidente, sin duda, pues pese a “la peor crisis económica de la historia” (palabras del presidente electo Barack Obama), en esta reunión hay bebida, comida y baile en exceso.
Irma 2 anuncia que trae un CD con “música para bailar de principio a fin”, y aclara: “pero es mp3 y trae más de 100 cumbias, desde las viejitas de los 70s hasta las actuales”. Pancho pone el disco en su estéreo mega-potente y, al ritmo de la Cumbia de los Pobres –himno nacional de Neza-, rompemos el baile Rocío y yo, mientras al menos 30 pares de ojos y varias cámaras escanean el escenario que por el momento es sólo nuestro. A la tercera cumbia, la sala está a reventar, con parejas de baile de amplia experiencia tibiritera, como Isabel y Arturo (originarios de la colonia La Pradera, ahí por la Avenida Central), Sandra e Ismael (del mero corazón de Iztapalapa), Irma y Enrique (de Ecatepec), Irma y Pancho (Tlaxcaltecos avecinados en Naucalpan), así como parvadas de niñitas que corrían descalzas entre los pies de los danzantes. Un verdadero evento de aprendizaje, donde las generaciones jóvenes son socializados en las costumbres, valores, y mañas bailongueras de las generaciones viejas, portadoras de un bagaje cultural que se creía perdido en las calles nezenses e iztapalapenses. Pero no, en Nashville, el mero corazón de la música country, se escuchan y se bailan cumbias como Bella-belluda-belludita, Leyda, o Chambacú, con igual o mayor intensidad que en la Pantitlán y colonias aledañas.
Sin embargo, es posible que el verdadero toque mexicano se haya dado en las pláticas. Entre plato y plato, sorbo y sorbo, cumbia y cumbia, fluyen las historias y los comentarios sobre la vida y el trabajo en Estados Unidos. Irma 2 cuenta sobre su trabajo:
“Por primera vez en ocho años mi esposo no tiene trabajo. Es chirroquero (sheet-rock-ero = experto en tablaroca, material con el que se construyen las casas en EU). Pero últimamente le estaban pidiendo (instalar) 80 tablas por día… están abusando, como los americanos no quieren hacer eso. No quiso, y lo descansaron. Yo donde estoy, empacamos bolsitas de chocolate, hay que meterlas en botecitos de plástico, como para regalo de navidad. Yo estoy en la parte “lenta” de la banda, y ahí te están pidiendo empacar 700 botes al día. Pagan a 7.50 la hora, pero en un solo día sacan la producción de toda una semana, por eso no te dan horario. Te dicen, “entras a las 6am pero es hasta terminar”. Trabajas de 13 a 16 horas seguidas, con media hora para lunch. El otro día una compañera me dijo que si la cubría, mientras ella iba al baño. Le digo, bueno, pero soy nueva, a ver si puedo. Tienes que ir bien rápido, porque la banda avanza y se te acumulan las bolsitas, y hay que meterlas a los botes de plástico. Yo estaba así (Irma mueve su mano rapidísimo, como empujando algo hacia adentro de un recipiente imaginario). No me daba abasto, y eso que estoy en la parte lenta. Pero hay otra área donde la banda va bien rápido. Y ay, la gente sale con la cara como de zombi, después de 14 horas de meter y meter bolsitas sin parar, con los ojos así perdidos… Igual les pagan a los gringos y a los morenos; muchos vienen pero no duran; no aguantan, no les gusta matarse tanto por lo que pagan.”
Pancho, experto en remodelación de casas y anfitrión de la noche, va y viene, ofreciendo chelitas o ponche con piquete. De vez en vez hace una pausa para echarse una cumbia con Irma. Pero luego regresa a atender a los invitados, que en el clímax de la fiesta llegan casi a 50.
Por su parte, Ismael y Sandra, sentados literalmente en el rincón de una cantina (la cantina de la casa), están muy serios esta noche, quizás porque están a sólo dos semanas de partir hacia México, donde están sus hijos de 8 y 11 años, a quienes no han visto en 2 años y medio… Se levantan a bailar de vez en vez. En un descanso nos sentamos al lado y ellos nos platican:
“Rentábamos un departamento en Iztapalapa, pero ni lo disfrutábamos, porque estábamos todo el día en el puesto del mercado, vendiendo tortas. Nomás usábamos el departamento pa’ dormir. Así que mejor saqué un crédito pa comprar una casita allá en Ixtapaluca”, dice Sandra. “Yo ni la conozco –añade Ismael- porque ella la agarró cuando yo ya estaba acá… Nos vamos a ir en la camioneta, jalando una traila (tráiler) con nuestras cosas. Pero esta semana vamos primero a Georgia a llevar otras cosas; de ahí las mandan en cajas a San Luis Potosí, y ahí va mi cuñado a recogerlas para llevarlas al DF.”
Pasada la media noche, la gente comienza a despedirse, no sin dar las gracias a los anfitriones, y de esta manera cumplir el motivo de la velada: dar gracias –thanksgiving.
Afuera, espera el frío y una larga noche económica que en ambos lados de la frontera se ansía que termine de una vez. Pero esta noche de thanksgiving se abren nuevas preguntas: ¿A quién hay qué dar las gracias por trabajar de 13 a 16 horas diarias en EU? ¿A quién hay que agradecer por dejar de ver a tus hijos por más de dos años? ¿A quién hay que agradecer cuando de regreso en México no te den ni las gracias por haberte matado “del otro lado” para mantener a tu familia que ni siquiera podías ver? Los primeros colonos ingleses al menos les dieron las gracias a los indios nativos por darles de comer (antes de exterminarlos). Millones de familias mexicanas han sido sacrificadas en beneficio de unos cuantos… y ni las gracias… ¿Será ese el verdadero “toque mexicano” del thanksgiving?
La última vez que llevé mi Toyotita beige, modelo 94 al taller mecánico que me recomendó Santiago, mi amigo nicaragüense, conocí a Víctor. Originario de Sonora, Víctor tenía su taller en Nolensville, el área “Hispana” de Nashville. Santiago me había hablado muy bien de él, y no se equivocó. Víctor era un hombre alto y fuerte, en sus 50s, de manos grandes y gruesas, y experto en mecánica automotriz. Yo pensé que tendría que dejar el carro y regresar después, pero Víctor me insistió que esperara en la oficinita, donde había calefacción, unas sillas y revistas para pasar el rato. Al cabo de una hora, Víctor entra limpiándose las manos con un trapo, y me dice “ya estuvo”. Se dirige al escritorio y se sienta para hacerme la cuenta. Mientras captura mis datos en la computadora y prepara la factura, me explica lo que se le hizo al carro, pero en medio de sus frases técnicas noto la expresión nostálgica y ansiosa de sus ojos. Sin decir agua va, cambia de tema y me dice:

Hace unos días buscaba un libro en la biblioteca de Leyes de la Universidad de Vanderbilt, cuando me topé con una persona non-grata de la que sólo sabía por las noticias… y por las nefastas consecuencias de sus actos en las vidas de los mexicanos que no hemos transado, es decir que no nos hemos enriquecido “inexplicablemente”. ¡Se trataba nada menos que del mismísimo TLC en persona! Conocido también como TLCAN y como NAFTA, este documento ocupa 9 gordos y pesados volúmenes, entre tratados, comentarios, reglas de disputas, y reglas de arbitraje inversionistas-estado. Dudo sinceramente que lo hubiera conocido en persona de no haber entrado y caminado en esta lujosa y selecta biblioteca de una universidad gringa. ¿Cuántos mexicanos tienen siquiera idea de “cómo es” el TLC en persona? Son MILES, literalmente MILES de páginas y de cláusulas de acuerdos que nos atarán como país por quién sabe cuántas décadas o siglos. Cláusulas que garantizan todas las facilidades para la “inversión privada” y todas las dificultades para la gente de carne y hueso en cuyo nombre se firmó este documento que bien podría describirse como una verdadera, auténtica, detallada, legalmente fundamentada, cuidadosamente redactada, prolíficamente apoyada en notas al pie, lujosamente encuadernada, revisada, corregida y aumentada mentada de madre para las clases trabajadoras mexicanas.Claro que no hace falta conocer en persona los 9 obesos volúmenes del TLC (NAFTA) para sentir su impacto en nuestras atolondradas vidas. Como bien lo explica Flor Crisóstomo, la zapoteca que desafió al imperio, “es muy difícil ser una persona perseguida, acosada, señalada con el dedo, cuando tú sólo vienes (a EU) a buscar lo que se te arrebató descaradamente hace 14 años a través de la creación de las políticas comerciales como el TLCAN, que dañó tanto a México y que nos obligó a millones de personas a desplazarnos para buscar el sustento para nuestros hijos”
De todos modos, y nomás porque su funesta influencia se extenderá a lo largo de las vidas y las muertes de nosotros y de las generaciones venideras, no está de más echarle una ojeadita. Tal vez haya algunas copias en español (tal vez) en alguna biblioteca mexicana, o en algún sitio de Internet, o cuando menos en algún bunker del gobierno mexicano. Mientras hallan su copia, les adelanto aquí la primera página, donde se explican los objetivos generales del tratado de la desdicha. Tan gordo es el libro, que tuve que mantenerlo abierto con mis dedos:
Nótese que el objetivo número uno (inciso a) es eliminar las barreras y facilitar el cruce de "bienes y servicios"... pero nada se dice del cruce de trabajadores, como si los bienes y servicios tuviesen pies, y los trabajadores estuviesen pegados al suelo... Para cerrar mi encuentro personal con el TLCAN, me permití deslizar entre sus gordos volúmenes un ejemplar de México ante Dios, libro que Erandi, una de las migrantes que he entrevistado en EU insistió y reinsistió en prestarme, aún cuando le advertí que he leído muy pocos libros gordos en mi vida, y que a mí la lectura me produce más sueño que el valium. Pero bueno, lo tomé porque yo había visto ese mismo libro en otra “traila” (casa ambulante o “mobil home”, típica de los nuevos migrantes mexicanos en EU) y me llamó la atención que gente que usualmente se describe en los medios como “no lectora” estuviese tan interesada en ese gordo libro. En fin, lo estoy leyendo y se trata de una novela histórica que todo mexicano debería leer, pero de la que comentaré con más detalle en uno de mis próximos posts (así se llaman las notitas que uno va añadiendo al blog)… Por lo pronto baste decir que, como la siguiente foto indica, en los últimos 200 años nuestro pobre país ha sido estrujado y exprimido por estos dos monstruos: la iglesia católica y la política económica…
Pancho es home restoration worker (reparador o restaurador de casas). Lleva 13 años en EU:
Acabas de decir que como indocumentados hay derechos que no tienen, ni tendrán…
Ajá
¿Cuál crees que es entonces el lugar de los Mexicanos en EU?
Pues… es
¿O sea, ustedes creen que realmente los mexicanos migrantes no tienen derechos?
Yo creo que sí tenemos derechos,
¿A qué tienes derecho?
El único derecho que tienes allá en México es de que puedes salir libre sin andarte escondiendo de que va a llegar la migración… es la única libertad… o sea que en México vas donde quieras, a cualquier estado y pus… estás en tu país, donde nadie te puede decir nada… supuestamente ¿no?
© 2008 gregorio hz (entrevista y fotos)
La primera vez pasamos por tierra, por el desierto. Caminamos desde las 8 de la noche hasta las 8 de la mañana sin parar. Se nos perdió el camión que nos iba a recoger. Llegó la migra y nos detuvieron. Trataron de quitarme a mi hijo ahí en el borde, pero traíamos una... yo traía mi identificación de México y pude reclamar, y un acta de nacimiento del niño y demostré que el niño era mío. Y después, esperamos… nos devolvieron al borde, al puente, y ahí esperamos un día más para volver a cruzar. La siguiente vez pasamos por el agua, por el río... ¿cómo pasas el río? La primera noche que pasé el río lo pasé desvestida, con miles de gentes caminando. Te amarran una soga en la cintura, de un lado a otro, eso es la primera vez, y el agua del río pues yo mido un metro y más de un metro y medio y ps' me llega por el cuello el agua. Y mi hijo lo pasaron sostenido de las manos hacia arriba, en alto y caminando. La mayoría de la gente… te ponen una bolsa para que no te vean… te amarran la cintura para que no te lleve el agua, obviamente si te lleva el agua se los lleva a todos, si no… es algo… que no es muy agradable platicarle a la gente.
La peor batalla es la que no se pelea... Mi mamá es una mujer que es muy, muy luchona, ha luchado mucho en su vida, ha vivido cosas muy… pues yo diría cosas fuertes. Entonces creces con la visión de que nada, nada debe de hacerte sentir que no puedes. Las peores batallas son las que uno no pelea. Esas son las que uno las tiene perdidas. Mientras tú peleas por algo no, no estás derrotado, no se vence uno. Mi visión de ver a las personas… no sé, es algo que a la mejor tú sí has de entender como... cómo te digo, porque yo te escucho a ti, y te escucho muy parecido a ella. Tienes el corte que tiene mi mamá. Sí eres, mmm… eres más este, más objetivo, ves las cosas más analítico, tienes una mirada… no te dejas ir fácil por lo que lees, tienes tu… haces tu propia crítica de las cosas… te veo muy parecido a ellos, a esa gente con la que yo crecí, entre marchas, mítines y todo eso. Cuando mis papás se divorciaron, mis hermanas… nos separaron porque no nos podían mantener juntas. Mis hermanas se vienen a vivir a otra ciudad y yo me quedo sola con mi mamá en México, viviendo solas. Tons una niña de 10 años, caminando entre las marchas, yendo a las huelgas, estando en los movimientos de protesta cuando el magisterio en Morelia… se me imagina como que tú eres así de ese tipo de corte, no eres muy quieto, eres de los que grita, no grita pero sí trata de que lo oigan…
La maestra R. Estela da clases en una primaria en México. Alegre y comprometida lectora, maestra y actriz... hoy lucha por salir del pantano de la tristeza. Pienso que ella es de esa minoría de la que habla Doris Lessing (ver a la derecha), y la única respuesta auténtica que puedo darle ahora es el fragmento de La historia interminable, que abajo transcribo...