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Tuesday, October 27, 2009

Educación: México en 2084

1984 es el título de la famosa novela de George Orwell, publicada poco después de la 2a guerra mundial, y en la que el autor anticipaba un mundo dominado por un gobierno totalitario, dotado de cámaras que vigilarían permanentemente a los ciudadanos (el Big Brother).

Este año, 2009, hemos ido a las primarias y secundarias de 9 estados del país a investigar cómo ven los maestros y alumnos el presente y el futuro de la educación en México, sobre todo en relación con el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación).



Preguntamos a los maestros:

¿Cómo imagina las aulas del futuro? ¿Por ejemplo en el año 2084?



FELIPE: Pues yo me la imagino con la crisis con la que estamos, volviendo ahora si que a lo anterior, cuando estábamos en escuelas de zacate. Porque así como esta la crisis no creo que haya para mejoras. De hecho ahorita nos damos cuenta, tenemos aquí este salón con ayuda de los papás se le echó una capa arriba y aún así en temporadas de lluvia trasmina, todo húmedo. Entonces, si eso estamos ahorita, me imagino que para ese año a la mejor ni a salón llegamos porque así como esta la situación no me imagino un salón más moderno, sino que una salón a la mejor cayéndose ya, o como le decía: todo en zacate o en lámina o no sé, por las carencias que se vienen presentando y que se van a seguir presentando porque no creo que aiga un avance en lo que es la economía.

CESAR: Yo me imagino a un docente sentado frente a un pizarrón electrónico con todos los alumnos con su computadora o su máquina, así me imagino la educación el aula para el 2080.



KARINA: Falta mucho tiempo para el 2084, pero realmente el futuro es incierto porque actualmente vemos que se proponen muchos impuestos, se temen estallidos sociales, entonces es algo incierto. Quizá podríamos verlo de distintas maneras y pensar en un sentido muy optimista; pensar que el 2084 quizás mis nietos o mis bisnietos van a estar en una aula muy bien equipada con su pizarrón electrónico cada niño con su computadora en un ambiente agradable, los salones con clima, las escuelas muy bonitas, limpias. Pero pues también podría suceder que realmente fuera efectivo un estallido social y que en el 2084 nuestro país apenas si se este recuperando de una crisis económica muy fuerte. Quizá en un sentido también pesimista digamos que en 2084 ya los pizarrones electrónicos ya van a estar chuecos, pues quizás ya las computadoras en al basura. No sé, realmente el futuro es bastante incierto. Las generaciones futuras están ante una situación difícil, la crisis económica pues no esta a un lado del sistema educativo sino que todos estamos inmersos. Ojalá se pudiera corregir la situación que vive nuestro país porque para nosotros es difícil. Para mis hijos o quizá para mis nietos la situación podría ser peor y siendo optimistas ojalá sea realidad que las aulas estén muy bonitas, que sí tengan un maestro o un asesor, que todos tengan acceso a internet que realmente es una puerta la mundo.

NICOLÁS: Yo siento que va a seguir igual, llegue lo que llegue. Nos lo dicen en discursos y medio llega. Pero no, yo no siento que mejore porque estamos viendo lo que ya tenemos. Lejos de mejorar está empeorando, en este caso lo que ya tenemos, lo acabo de mencionar, sobre el modelo educativo: nos meten otro nuevo modelo educativo y lo de enciclomedia no lo toman en cuenta. Entones estamos retrocediendo, siento yo. Por eso mi opinión es que no va a mejorar, vamos a seguir igual, o a la mejor en las ciudades, o a la mejor nosotros estamos muy alejado de la capital. A la mejor por eso, pero yo siento que no avanzamos en ese sentido.

Dibujo elaborado por maestros de primaria. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 2009

¿Quién crees que tiene más claro el futuro?

Wednesday, February 18, 2009

900 a la quincena

Caminaba de prisa y hambriento en busca del puesto de tortas más cercano al metro Copilco, cuando vi de reojo un anuncio de empleo en un café internet. La hoja blanca tamaño carta decía sin más:

SE SOLICITA PERSONAL DE MEDIO TIEMPO

PEDIR SOLICITUD AQUÍ

Pese a que en mi mente la torta de milanesa con chipotle ya iba a la mitad, decidí ponerle pausa y enfrenarme de golpe con mis tenis Converse comprados en una venta de garaje en Nashville. Me acerqué a pedir informes, movido por la desesperación que sólo siente un desempleado a media recesión económica mundial. Este fue el diálogo con el empleado que me atendió:

-- ¿De qué es el trabajo?
-- Es un medio tiempo, para el horario de 4 a 10, o de 7 a 1 (“¿¡medio tiempo de 6 horas!?)
-- ¿Aquí?
-- No, es en el metro Instituto Mexicano del Petróleo (o sea ¡al otro lado de la ciudad!)
-- ¿Cuál es el puesto o qué hay que hacer?
-- Lo mismo, atender el local
-- ¿Y cuánto pagan?
-- 900 pesos a la quincena

La frase “900 pesos a la quincena” me dejó viendo estrellitas, cual si hubiera recibido un golpe seco en la mandíbula. Al escuchar “900 pesos a la quincena” exclamé mentalmente “¿¡que queeeé !?? Di las gracias de manera automática y proseguí mi caminata hacia las tortas.

Tardé en asimilarlo, pero como tenía poco de haber regresado del otro lado, lo primero que hice fue traducir: “900 pesos a la quincena son 1800 al mes. Y 1800, a casi 15 el dólar, te da unos 120 dólares…. ¿¿¡¡ 120 dólares al mes!??? ¿Y por “medio tiempo” de 6 horas diarias!!?? (de 4 a 10 o de 7 a 1 = 6 horas). No pues con razón muchos mexicanos arriesgan la vida cruzando el Rio Bravo y el Desierto de Arizona: los que menos ganan allá sacan 9 dólares la hora. Trabajando 6 horas diarias (normalmente trabajan más de 10 horas al día) sacarían 54 dólares; o sea que en tres días ganarían 162 dólares, ¡¡más que el sueldo mensual de un empleado de “medio tiempo” de un café internet chilango! En otras palabras, trabajando 6 horas diarias, al menos 6 días a la semana, te da 36 horas a la semana, o sea 144 horas al mes; 900 / 144 = 12.5 PESOS la hora, o sea: ¡menos de 1 dolar por hora!

En fin, al llegar al puesto de tortas exploré rápidamente el menú y ordené una sencilla de milanesa, que sólo costaba 16 pesos. Mientras la saboreaba estuve pensando en lo que el destino me depara si no encuentro un empleo bien remunerado asap (o sea, a la de ya). Pero justo en el momento que terminaba la primera mitad de la rica torta de milanesa con chipotle, vino a mi mente un anuncio que vi en un poste de una de las zonas más rascuaches de Nashville, y que me hubiera encantado fotografiar. El anuncio decía más o menos

Potential CEO level income.
¿Don’t believe it? Don’t call!
615-762-4787


O sea, algo así como:

Potencial salario de ejecutivo
¿No lo cree? ¡Pues no llame!
615-762-4787

Es decir, te anuncian un salario potencialmente altísimo (como de director general de empresa transnacional) en un hulito mal colgado de un poste oxidado de un barrio bajo de EU, y luego te dicen “si no lo cree, no llame”. Cuando vi lo de “Si no lo cree…” pensé que lo siguiente sería “llámenos y compruébelo”. Pero no. El tono rude (rudo, descortés) del anuncio pareciera reafirmar la única verdad que recorre el mundo cual si fuera un fantasma: quienes buscan empleo deben decir adiós a su inteligencia y convertirse en verdaderos creyentes de la publicidad de poste oxidado o de hojita tamaño carta… o sea deben convertirse en creyentes de la esclavitud, porque lo que ambos anuncios realmente ofrecen es: “si quiere sobrevivir, conviértase en esclavo”...

¿Es este el primer mundo que nos prometieron cuando firmaron el TLCAN (NAFTA)? No por nada los jóvenes de hoy se refugian de este terror global en adicciones como el alcohol, las drogas, el internet y otras que sería mejor ni mencionar...

Thursday, August 14, 2008

Paisajes irreales

Atlanta desde el cielo

El avión 747 de Delta Airlines planea suave, cual ala delta, sobre los suburbios de Atlanta, ciudad donde nació Martin Luther King en 1929.

ala delta

Uno lo olvida, especialmente tras un tiempo en el caótico DF, pero la visión aérea de las ciudades gringas impacta: amplísimas avenidas y opulentas zonas residenciales entre bosques sin fin. Son los “suburbios”. Remanso y fantasía de las clases medias y altas de gringolandia. Los suburbios: opulenta razón de nuestros males. Porque les encanta –a los gringos ricos-
vivir a sus anchas... a costa, claro, de los nativos indígenas que fueron eliminados o expulsados, y del resto del mundo, que rinde tributo a EU cada vez que uno de sus ciudadanos se echa un trago de Coca Cola, o ve una película gringa, o una serie de TV gringa, o se comen una hamburguesa McDonalds, o se pone una gorra de los Raiders de Oakland, etc., etc., etc.

Espaciosas residencias con piscina bordean los lagos, o se acomodan cuidadosamente entre sinuosos ríos, o en medio de verdísimos bosques cruzados sólo por rectos freeways (friweis), o serpenteantes bulevares. No les gustan las manzanas cuadradas (excepto en Manhattan, porque el espacio es chico, o en Los Angeles, porque hay más mexicanos que gringos). Las anchas avenidas repiten el ondular sinuoso de los caudalosos ríos típicos de la geografía del sureste gringo. Un cielo brillante y una luz celeste completan el cuadro de fantasía, ilusión óptica, paradisíaco objeto de deseo que atrae como imán oleadas de paisanos que gracias a la televisión y el cine (gringos) se enteraron que no todo en el planeta son sobrepoblados tugurios urbanos, o desolados campos rurales... sin saber que ese mundo suburbano no será para ellos, pues la mayoría de quienes salen con vida tras cruzar el Río Bravo y el desierto de Arizona, acaban en los "guettos" o barrios mexicanos que en nada se parecen a lo arriba descrito. Muchos no llegan siquiera a casa, sino a "traila" (trailer o "mobile home"), pero esa es otra historia y será contada en otra parte.

La vista desde el avión sigue: caminos planitos como manteles, casas que no se tocan entre sí, altísimos edificios que producen vértigo de sólo mirarlos.

Silueta de Atlanta
Foto: internet

Rubbermaid: ¿I have a dream?

Una vez aterrizados y pasados por la "aduana", lo primero que uno ve al llegar al aeropuerto de Atlanta son las referencias a la vida y obra de Martin Luther King. En sus pasillos y salas se exhibe toda una colección de fotos, libros, carteles, y objetos personales de MLK, incluyendo el traje que vistió en Washington D.C. el 28 de Agosto de 1963, cuando dio su famoso discurso “Tengo un sueño” (I have a dream). Irónicamente, en agosto del 2008, la segregación racial salta a los ojos en este mismo aeropuerto.

Jóvenes negros, muy delgados y altos, visten chalecos amarillos fluorescentes con el letrero Gate Serve (algo así como Puerta de Servicio). Muchos llevan audífonos, y todos visten uniformes azules y gris oscuro de tela muy sencilla (visiblemente barata) debajo de los chalecos.
Una mujer madura, de piel negra, y pelo abultado como peluca, empuja un carrito de limpieza que lleva una larga bolsa amarilla marca “Rubbermaid” (algo así como "sirvienta de hule"), y está equipado con diversas botellas de líquidos limpiadores, variados mops o mechudos (peludos y de mechas cortas, de algodón y de fibras sintéticas), escobas, cepillos, espátulas, aerosoles anti-aromas, rollos de papel, y bolsas, muchas bolsas grises para basura.

“Janitor Cart” (Carrito del aseo marca "Rubbermaid")

Una joven negra, de playera café y pantalón negro, aplica fuertes tallones con un mop en la columna metalica del módulo de Delta. Coloca el mop en posición vertical y sus brazos se estiran hacia arriba y abajo para sacarle brillo a la ancha moldura plateada.

Otra mujer -negra- de cabello planchado y gesto endurecido, maneja el carrito que transporta a los viajeros “de edad”, generalmente blancos.

Enfrente, en la sala de espera B11 dos hombres -negros, para variar- limpian la alfombra. Uno lleva un tanque con una manguera que usa para rociar un liquido sobre la alfombra, mientras el otro pasa una especie de podadora con rueditas sobre las partes rociadas. Mientras hacen esto platican y ríen.

En resumen, los empleados de Sbarro (Fresh Italian Cooking) son negros. Los de Cinnabon (World Famous Cinnamon Rolls), también. Los de Burger King, negros. Los empleados de limpieza, negros. Los que cargan las maletas, negros. Los que empujan las sillas de ruedas o manejan los carritos para los viajeros “de edad”, negros también.

La división racial del trabajo es transparente, pues en los acojinados sillones de las salas de espera, se ven principalmente viajeros blancos. Algunos asiáticos; otros pocos, “latinos”. Pero la mayoría apabullante: blancos anglosajones. Descienden de los aviones, o esperan ser llamados para abordar el próximo vuelo. Algunos leen el periódico (New York Times, USA Today, etc.). Otros, cargan y leen libros diversos. Una joven estudia el libro de preparación para el examen GRE (Graduate Record Examination), que hace años yo mismo tomé como requisito para ingresar al doctorado en Berkeley. Otros “trabajan” (¿o juegan?) con sus laptops, hablan por celular… o se sientan a comer en los restaurantes servidos y atendidos por empleados/as de piel oscura.

Lo mismo se ve al interior de las aeronaves. Hombres rubios de variada edad y cantidad de pelo tienen a su cargo la conducción (piloteo) de estos vehículos voladores. Visten camisas blancas y sonríen a los pasajeros que suben o bajan del avión. En mi último vuelo, me tocó sentarme casi al fondo del avión (ora sí que iba “hasta atrás”), y lo que veo al frente es un mar de nucas rubias. Variedades de rubio para las que mi vocabulario no alcanza: rubio claro, rubio oscuro (?), rubio casi blanco, rubio gris, rubio largo, rubio corto, rubio abundante, rubio ralo… y también algunos castaños, pero siempre enmarcando rostros claros, narices rectas, ojos verdes o azules o grises.

Y en las pantallas de plasma que cuelgan de los techos, tanto en el aeropuerto como en los aviones, se observan casi siempre rostros blancos y cabellos rubios dando o comentando las noticias, mostrando el mapa del clima, dando las indicaciones de seguridad, o al menos anunciando hamburguesas. Hoy en particular, la blanca imagen de Michael Phelps inunda las pantallas (nadador estadounidense que está rompiendo records en los Juegos Olímpicos de Beijing).

Michael Phelps
batiendo records en Beijing 2008


En resumen, los que comen en Sbarro (Fresh Italian Cooking) son blancos. Los que gozan de los ricos roles de canela de Cinnabon, también. Los que se auto-engordan en Burger King, blancos. Los que manejan los aviones, blancos. Los que administran el aeropuerto, blancos. Los que son transportados en sillas de ruedas o carritos para viajeros “de edad”, blancos en su mayoría.

Paisajes irreales

De camino a Nashville, el CRJ-200 alza el vuelo y la imponente Atlanta se hace chiquita. Subo y bajo. Del suelo al cielo. Pistas de aterrizaje. Aviones flacos y gordos, chicos y grandes. El sonoro rugir de las turbinas recuerda el himno nacional mexicano… Alzar el vuelo, entrar al cielo. Mirar los bosques, y los ríos de asfalto que los cruzan. A mi lado, un hombre rubio castaño de rasgos angulosos, pierna cruzada y zapatos como del 9 y 1/2 , lee la revista del avión, mientras el avión penetra la gruesa capa de nubes que finalmente termina… pero sólo para dar paso a otra capa aún más alta. El avioncito vuela con nosotros sobre un mar de nubes voluptuosas y bajo un cielo de nubes aplanadas.
Paisajes irreales
Foto: gregorio hz, 2004

Luego se aproxima a la ciudad de la música, sucesión de suaves lomas boscosas, salpicada aquí y allá de archipiélagos de lagos, y acariciada por ondulantes y caudalosos ríos. Desde el cielo las avenidas se miran como ondulantes animalitos alargados, con patitas que terminan en cómodas residencias rodeadas por verdes “yardas” (jardines). Paisajes irreales, pero más creíbles que el paisaje de allá abajo, donde las capas sociales difícilmente se rozan.

Típicos suburbios gringos
(algo así se ve desde los cielos de Houston, Atlanta, Charlotte, Nashville y anexas)
Foto: Google Earth

Ebony and Ivory

En 1982 Paul McCartney lanzó su canción Ebony e Ivory (Ebony = madera negra; Ivory = blanco marfil), que interpreta con Stevie Wonder. Blanco y negro, como las teclas del piano. Pero hoy, el Norte es un claroscuro que no canta música sino gime desesperanzas. Ivory es amo y señor de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (laptops, aeronaves, cámaras y pantallas de cine y televisión…), mientras Ebony empuña las viejas tecnologías de la limpieza y el servicio (mops, cepillos, trapeadores, platos y charolas, lápiz y papel para “tomar la orden”...). Ivory al mando de aparatos movidos por símbolos y contenedores de símbolos (software, íconos, chips, pantallas…); mientras Ebony manipula carritos y utensilios movidos por fuerza humana. Los blancos brillan en las pantallas de plasma; los negros visten chalecos amarillos fluorescentes para brillar y no ser atropellados por los peatones (como son invisibles).

Si las constituciones no fueran listas de promesas sino descripciones precisas de lo que es, la de EU tal vez diría:

Artículo 1. En este país los blancos están para mandar y ser servidos.

Artículo 2. En este país los negros están para obedecer y servir.

¿Y los mexicanos? Los mexicanos nos hacemos pedacitos entre nosotros para que unos cuantos se den “vida de blancos” y otros muchos “trabajen como negros”… en ambos lados del Río Bravo.

¿Y yo? Como soy café con leche (y pan de dulce) me cuelo entre ambos colores y países, y escribo lo que veo.

© 2008 grehz