
Vivo en una pequeña localidad perteneciente al municipio de Coatepec, Las Lomas, somos alrededor de dos mil habitantes, en su gran mayoría dedicados a las labores del campo, incluyendo a mi familia, a quien desde pequeña vi hacer todo lo posible por sacar adelante la producción de café. Hoy la situación está cada día más difícil, y en mi pueblo también ha aumentado mucho la migración; cuando no a gringolandia, se van a las ciudades fronterizas a trabajar en las maquiladoras (hace unos días, por cierto sostuve una plática ligera con una antigua amiga de la infancia que vino a visitar a sus papás y con lágrimas en los ojos me dijo que le encantaría quedarse... si tuviera trabajo -sentí horrible, y luego con mi corazón de pollo-
En mi pueblo he sido testigo presencial de este fenómeno; veo casas vacías, tierras de cultivo abandonadas, hijos sin padres, padres que vienen de visita o a enterrar a sus muertos y se regresan porque "ya hasta la comida de aquí nos hace daño" -dicen literalmente-, las familias se desintegran, pero gente "nueva" se sigue yendo, porque a aquellos que les va bien, quizá los que trabajan todo el día, empiezan a mandar dinero y las pequeñas casitas o jacales que dejaron van quedando ahogados en grandes casas con terrazas y sótano.
En mi pueblo, en el campo, la situación está más dificil cada día, y como no puedo evitar percibirla y sentir coraje por ello, escribí el año pasado un pequeño artículo al respecto, está inédito... Va un par de fotos y la relación de pagos de la que hablo en el texto -me la robé de la tienda...
Margarita Castillo León
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